domingo, 22 de enero de 2017

Qué me ayudó?


Me escribió una mamá preguntándome que me había ayudado a llegar donde estoy. Mientras le respondía pensé en escribir un post acerca de eso.

Primero hay que saber que no hay duelo igual y todos vamos a vivir nuestro duelo de manera única. El duelo es un proceso solitario y muy íntimo. Yo veo al duelo como las huellas digitales, no hay dos iguales.

Pero si considero que escuchar a otras personas, el saber que ayudó a otras personas nos puede ayudar a nosotros también; por eso considero que los grupos de ayuda mutua son tan necesarios porque nos aporta otra mirada, otra forma de ver y hacer las cosas, nos hace ver al otro no con los ojos sino con el corazón y nos hace ver que hay mas posibilidades que las que nosotros por el momento podemos vislumbrar.

Que me ayudó? Acá les comparto lo que me ayudó:

  • Me ayudó creer en lo que yo quería creer, no en lo que me dijeron alguna vez, no en lo que se supone que deba creer. Elegí creer en lo que me hacia bien pero sin culpa, sin sentirme mal de ir en contra de lo que alguna vez creí o me dijeron que crea. El creer en lo que yo quisiera, me ayudó a sentir paz.
  • Me ayudó el repetirme como un mantra: Nadie muere en la víspera, nadie!
  • Me ayudó el deshacerme de la culpa. Como? Pues simplemente haciéndome las siguientes pregunta: Sabias lo que iba a pasar? No! Tienes la capacidad de ver el futuro? No! Entonces, como sentirte culpable de algo que no sabías que iba a pasar?
  • Me ayudó el pensar y el creer (y esto me ayudó también con la culpa) que el universo es perfecto y que todo pasa cuando tiene que pasar, ni antes ni después, sino en el momento exacto.
  • Me ayudó el no medicarme. Me ayudó el dejar que el dolor haga su trabajo, el dejar que sean mis propios recursos los que me ayuden. 
  • Me ayudó el confiar en mi misma. 
  • Me ayudó el escuchar a mi cuerpo. La naturaleza es muy sabia, muy muy sabia. Me ayudó el escucharme.
  • Me ayudó el no forzarme a situaciones en las que no me sentía preparada. Me ayudó el hacer lo que yo quería hacer.
  • Me ayudó leer. Al día siguiente de la partida de Gabriel empecé a leer y no he parado desde entonces. Siempre me ha gustado leer así que fue una ventaja. Me devoraba los libros, bueno aun lo hago pero al principio lo único que hacia era leer y leer. Me ayudo porque me mostró otras formas, otras pérdidas, otros mundos, otras miradas, otras posibilidades.
  • Me ayudó el no aislarme. Me ayudó el estar con la familia y con buenos amigos. El salir, el buscar a mis amigas para conversar.
  • Me ayudó el hablar de mi hijo, de su vida y de su muerte, el hablar de él me llenaba, me llena.
  • Me ayudó el llorar, el dejar que mis lágrimas salgan sin pudor, sin vergüenza, sin culpa.
  • Me ayudó el tener una misión, el tener una tarea, el tener una meta. El abocarme a algo que quería hacer, el mantenerme ocupada pero sobretodo el mantener ocupada mi mente.
  • Me ayudó el continuar con mi vida. Aunque quería que el mundo se detuviera conmigo siempre agradecí que el mundo continuara y el yo poder continuar con el.
  • Me ayudó el poder compartir, aunque sea a la distancia, con otras personas que habían pasado también por la pérdida de un hijo. Me ayudó el escucharlas, el poder sentirme comprendida y no juzgada por lo que pensaba y sentía.
  • Me ayudó el sentirme libre de expresar como me sentía y que sentía.
  • Me ayudó el no perder la esperanza. Por más negro que mi camino podía volverse siempre vi la luz al final y eso me ayudaba a seguir caminando con la esperanza de saber que iba a llegar a la luz.
  • Me ayudó el querer estar bien. El saber que iba a tener que transitar por el duelo pero que finalmente iba a llegar a la aceptación e interiorización de la muerte de mi hijo.
  • Me ayudó no perder nunca la Fe.
  • Me ayudaron muchas cosas pero creo que lo que más me ayudó fue creer que Gabriel es un ser extraordinario, que me eligió como mamá y como su maestra en esta vida y que partió justo en su momento porque cumplió con lo que vino a hacer. Y ahora mi pequeño es mi maestro y la luz que ilumina mi camino. Me ayuda el saber que está conmigo y que estará conmigo hasta que yo vaya a su encuentro.
Deseo de todo corazón que algo de lo que me ayudó a mi, los ayude a ustedes.

Con amor y llena de esperanza,

Uchi

domingo, 15 de enero de 2017

Deja ir a la tristeza


Por qué creemos que dejar la tristeza, que dejar el dolor es de alguna forma olvidarnos de nuestros hijos?

Al principio es normal conectarnos con nuestros hijos a través del dolor y de la tristeza, al sentir pena, tristeza, dolor nos sentimos mas cerca de ellos y pensamos (erróneamente) que al dejar de sentirla pues ya no sentiremos a nuestros hijos y estaremos olvidándolos.
No queremos dejar al dolor que nos ha acompañado por mucho tiempo, no queremos dejar a la tristeza porque se ha vuelto nuestra amiga o nuestra enemiga, no queremos dejar ir a la melancolía porque forma parte de nuestra vida, de nuestros días y pensamos (nuevamente erróneamente) que si ya no sentimos esto y empezamos a sentir que la alegría o las ganas de ser feliz van tocando nuestra vida, nos asustamos, no queremos abrir la puerta a la vida porque sentimos (erróneamente) que al hacerlo les estamos faltando el respeto a nuestros hijos, que al hacerlo, que al ser felices, que al disfrutar de la vida nos vamos poco a poco olvidando de ellos. 

De verdad pensamos que algún día podremos olvidarnos de nuestros hijos? Sabemos la respuesta, esa respuesta es NO! Jamás nos olvidaremos de ellos...no tengamos miedo de retomar nuestras vidas, no tengamos miedo de abrirle la puerta a la alegría, a las ganas de vivir.

Una vez que dejemos de lado la tristeza, vamos a ir viendo como el dolor (que siempre nos va a acompañar) va cambiando de forma, va cambiando de intensidad, se va transformando y poco a poco se va volviendo un dolor casi imperceptible, se convierte en nuestro amigo y ya no nos lastima. 
Vamos dejando la tristeza y le damos paso a la alegría, vamos dejando el resentimiento, la rabia, la cólera y le vamos dando espacio al AMOR y es ese amor el que empieza a conectarnos con nuestros hijos. Es ahí, cuando empezamos a conectarnos con ellos a través del amor, de la alegría, de las ganas de vivir y ser felices y vamos viendo la diferencia de conectarnos con ellos a través del amor y ya no del dolor.
Vemos una foto de ellos, pensamos en ellos y ya no hay punzadas de dolor, sonreímos al verlos y al recordarlos porque nos sentimos dichosos de haberlos tenido y de seguir teniéndolos.

No tengamos miedo de dejar la tristeza, no tengamos miedo de abrir nuestro corazón al amor, a la alegría, eso no significa que los vamos a olvidar, todo lo contrario, significa que los tenemos presente, que los tenemos muy dentro de nosotros por siempre, significa que hemos entendido que debemos homenajear a nuestros hijos con lo mejor que tenemos y eso es el AMOR y no la tristeza.

Con amor,

Uchi