miércoles, 26 de julio de 2017

Cómo es al principio?


Me escriben muchas mamás y también papás con muchas interrogantes, con muchas preguntas, muy ansiosos de obtener respuestas, respuestas que les llenen al alma.
Lamentablemente yo no tengo la verdad absoluta de las cosas pues porque simplemente la verdad absoluta no existe. 
Creo que cada uno de nosotros tiene su propia verdad y hay que buscarla pero no fuera, sino dentro de nosotros mismos.
Me escriben también muchos papás con pérdidas recientes. Los leo, los escucho, les respondo tratando de con mis palabras poder darles un poquito de tranquilidad, un poquito de paz, un poquito de esperanza.

Este post se los dedico a esos papás con pérdidas recientes y también, por qué no a todos.

Los primeros días, los primeros meses son los más duros, uno piensa que ese dolor que te come por dentro nunca se irá, llegas a pensar que no vas a sobrevivir, que no vas a volver a comer nunca más, que no vas a volver a dormir nunca más, piensas que a partir de ese día solo vas a sobrevivir que ya no serás capaz de volver a vivir y ni hablar pensar en que la alegría vuelva a ser parte de tu vida, la alegría la ves tan lejana como las ganas de volver a bailar.

Escuchas lo que los demás te dicen con si hablaran en otro idioma, como si estuvieras debajo del agua, sientes tus oídos como tapados, miras a la persona que te esta hablando y efectivamente ves que sus labios se mueven pero no logras escuchar nada...no entiendes nada de lo que la persona esta diciendo.

Te olvidas de todo, te olvidas de lo que tienes que hacer, ya no puedes recordar tu numero de celular y ni que decir del de los demás. Te olvidas de comer y muchas veces de respirar. Me pasaba que a veces me quedaba tan absorta en mis pensamientos que de repente tenia que inhalar una gran cantidad de aire porque literalmente no había respirado, era como cuando te zambulles en la piscina mucho rato y luego sales y tomas una bocanada de aire enorme...eso me pasaba muy seguido.

Te pasa también que dejas la cocina prendida, las luces prendidas, la llave del agua abierta...la puerta de tu casa abierta.

Te pierdes en tu propia ciudad. Sientes a tu ciudad como una desconocida, los caminos que antes los podías hacer con los ojos cerrados se convierten en extraños, las calles las ves como raras.
El mundo se ha vuelto amenazante, ya no confías en el. Te da miedo salir a la calle, prefieres la seguridad de tu casa, de tu cuarto.

No sabes en que día vives, ni en que mes. No sabes si es lunes o miércoles o jueves pero lo que si no te olvidas todos los meses es la fecha en qué tu hijo partió. Vives en las nubes pero llega ese día y tu cerebro reacciona y tu cuerpo también, es como si esa fecha se hubiera quedado tatuada en lo más profundo de tu alma.

Te preguntas todos los días si te estas volviendo loca/o (y si, en alguna forma lo estamos). 
Te preguntas si es normal todo lo que sientes, todo lo que piensas, si es normal no comer, no dormir, no respirar.

Nos sentimos solos, podemos estar rodeados de muchas personas pero nos sentimos total y absolutamente solos. Sentimos que nadie nos entiende y si, en alguna forma así es. Nos desvinculamos del mundo, de los demás, no sentimos unos extraterrestres en nuestro propio planeta.

Tenemos miedo, miedo de salir, de volver a reír, miedo de vivir, miedo que nos vuelva a pasar. Respiramos miedo. Pero no podemos huir de el, lo sé porque he intentado huir de el de mil maneras y formas y nunca he podido pero lo que si he podido es afrontarlo, es no dejar que me domine, no dejar que me paralice.

Es un desafío todo lo que tenemos que vivir, tan solo levantarnos de la cama es ya una gran hazaña la cual yo recuerdo que celebraba. Nada hasta el día en que Gabriel partió me había herido tan profundo, tan profundo hasta dejarme de rodillas y quedarme así por un tiempo, desfallecida, abatida, absolutamente perdida. 

Lo bueno? Que nada dura para siempre, que llega un momento en que sientes a la vida tocándote suavemente el hombro y susurrándote con dulzura: estás viva! 
Y te levantas y dejas que la vida te llene nuevamente de aire y le pides a una fuerza más grande que todo que te sostenga mientras te levantas y que no te deje caer.

Tardé un poco de tiempo en aceptar que la vida es como es, que las cosas son como son, que la vida duele y que el dolor que por un tiempo nos parece insoportable y sin sentido es muchas veces (si nosotros lo dejamos) un gran maestro, una bendición enorme y se convierte en el vestíbulo de una nueva vida, de un nuevo amanecer, de un maravilloso renacer.

Nos sanamos con amor, con esperanza, con fe, con ganas de seguir viviendo sabiendo que cuando nos toque partir nos encontraremos nuevamente con nuestros hijos y será el mejor reencuentro y ahí si estaremos juntos para siempre y por siempre!

Con amor y llena de esperanza,

Uchi



miércoles, 5 de julio de 2017

Los retos del duelo


Muere alguien a quien amamos profundamente y nos enfrentamos a esta realidad desconocida, a este mundo por el momento vacío y oscuro.
Nos enfrentamos a responderle a la vida, nos enfrentamos a decidir que vamos a elegir, nos enfrentamos a decidir si vamos o no a vivir el duelo.
Vivir el duelo ya es en si un reto, un gran reto que vamos a tener que "superar", caminar, aceptar...

Acá les comparto algunos retos que yo misma viví y que poco a poco aprendí a saber llevarlos, interiorizarlos, aceptarlos:
  • Uno de los mayores retos del duelo fue aprender a amar sin condiciones, amar sin pedir nada a cambio. Amar sin tener a la persona presente, amar sin poder demostrárselo físicamente, sin poder ver ni sentir en sus ojos la alegría de saberse amado incondicionalmente. Aprender a sentir el amor en el estado más puro, mas sublime, ese amor que va allá que la muerte.
  • Otro de los retos fue tener aceptar la realidad de lo que estaba viviendo. Por mas que quería negarlo, por mas que quería no verlo, la realidad de la ausencia física de mi hijo me acechaba hasta en mis sueños. Todos los días apenas me levantaba era una lucha constante entre el aceptar y el negar. Vivía peleada con mi realidad, molesta, muy molesta. Hasta que entendí que mientras mas me peleaba peor era, mientras mas me peleaba, la realidad me golpeaba más fuerte...así que poco a poco tuve que empezar a dejar que la paz entre en mi vida, que la calma inunde mis pensamientos, que el amor sea más grande que mi dolor...que mi realidad se convierta en mi amiga.
  • Otro reto fue permitirme liberar mis emociones así éstas no sean buenas. Dejarlas salir, darme permiso a expresarlas, darme permiso a nombrarlas, darme permiso a sentirlas en su máxima expresión. Liberar mis emociones me daba calma, me quitaba un peso de encima, me hacia mas liviana.
  • Otro reto fue aceptarme como una nueva persona (aun sigo). Aceptar que yo iba a cambiar. Aceptar que mis prioridades iban a cambiar, que mis amistades iban a cambiar, que mi entorno iba a cambiar. La vida es un constante cambio y más aun cuando muere un hijo...todo cambia. Decidí no pelearme con los cambios sino aceptarlos con el corazón lleno de gratitud y confiar que todo ese movimiento en mi vida iba a ser para algo bueno...y si que lo fue.
  • Otro reto fue el aprender a confiar en el mundo nuevamente. El mundo se había convertido en un lugar amenazador y nada amigable. No me sentía a salvo en el, pero vivía en el, era parte de el y el era parte de mi. Tuve que aprender a vincularme con el nuevamente, tuve que volver a confiar.
  • Otro reto fue aprender a vincularme con los demás nuevamente. La muerte de un hijo te desvincula, te aparta del resto, te hace entrar en un capullo de soledad. La soledad se vuelve tu mejor amiga pero a la vez tu peor enemiga. Cuesta salir y cuesta vincularte nuevamente con las personas, tu no eres la misma que eras antes, tus prioridades han cambiado, tu mirada hacia lo que te rodea ha cambiado pero los demás no, los demás siguen siendo los mismos, entonces nos toca adaptarnos nuevamente a lo mismo siendo nosotros distintos, vincularnos nuevamente con las personas conocidas siendo nosotros unos desconocidos, que difícil y que gran reto!
  • Otro reto fue y sigue siendo el miedo. Como vivir sin miedo después de haber perdido un hijo? Como no tener miedo, terror, pánico de que te vuelva a pasar? De que otro hijo tuyo muera? Como vives con ese miedo? Pues viviendo, viviendo y aceptando que muchas veces ese miedo será parte de tu vida, que ese miedo te acompañará muchos días y muchas noches pero lo que no podemos permitir es que ese miedo nos paralice y no nos deje vivir.
  • Otro reto fue aceptar la muerte de mi hijo no con resignación sino con gratitud, con amor, con paz, con la cabeza en alto y la mirada fija en hacer de la vida de mi hijo un homenaje.
  • Otro reto fue y es seguir viviendo con alegría y con sentido a pesar de la ausencia física de mi hijo. Recolocar a mi hijo en un lugar donde me permita seguir disfrutando de la vida sin tener al dolor matándome por dentro ni a la culpa haciendo su nido en mi corazón.
Son muchos los retos que se nos presentan cuando un hijo muere, cada persona tendrá sus propios retos y cada persona decidirá que hacer con ellos.

Mi sugerencia? Aceptarlos con amor y gratitud ya que cada uno de ellos encierra una enseñanza maravillosa que está en nosotros descubrirla.

Con amor y gratitud,

Uchi

domingo, 18 de junio de 2017

Siempre seré tu papá


Los años van y vienen y creo que nunca me acostumbraré a tu ausencia y siempre me preguntaré Por qué? Por qué tuviste que partir? Tantas preguntas que se quedarán sin respuesta, tantos vacíos con los que tendré que aprender a vivir. Pero de algo si tengo la certeza y es que SIEMPRE SERÉ TU PAPA!

No hay un día que no te recuerde, no hay un día que no te lleve en mi corazón. El amor, mi pequeño no muere con la muerte y yo te amaré hasta la eternidad y SIEMPRE SERÉ TU PAPA!

Tengo mis brazos vacíos pero los lleno de los recuerdos que tengo de ti, de todo lo que compartimos juntos, de todos los abrazos que te di. No te tengo en mis brazos físicamente pero SIEMPRE SERÉ TU PAPA!

No hay día que no te recuerde, no hay día que no quiera retroceder el tiempo y volver a abrazarte, no hay día en que no diga tu nombre, no hay día en que no te sienta conmigo y SIEMPRE SERÉ TU PAPA!

Así pasen muchos años nunca nunca te olvidaré, siempre estarás en mi vida y en mi corazón, siempre seras mi hijo/a y SIEMPRE SERÉ TU PAPA!




martes, 30 de mayo de 2017

Y que pasa con nuestro matrimonio?


Cómo vivimos la muerte de un hijo en pareja? Qué sucede con nuestro matrimonio? Cómo nos recuperamos juntos? Cómo afrontamos esta pérdida sin separarnos? 

Perder un hijo es lo peor que le puede pasar a una madre y a un padre. Sabes que te espera un largo y duro camino, el más duro que tendrás que caminar...como saber que tu matrimonio podrá sobrevivir a esto?

Para empezar tenemos que darnos cuenta que si bien hemos perdido el mismo hijo, cada uno a su manera ha perdido a su propio hijo. A que me refiero? A que cada uno tuvo su propia viviencia con ese hijo, su propia historia. La relación que yo tuve con Gabriel no es la misma que la que Juanjo tuvo con él.
Y si partimos desde esa creencia, entonces el duelo que cada uno va a vivir por la muerte de ese hijo, será su propio duelo, tan intimo y único. Cada duelo es así, es único pero, al haber perdido al mismo hijo se podría pensar que los duelos pueden ser similares y que uno puede entender lo que el otro esta viviendo y sintiendo y que se va a poder caminar juntos...pero la realidad es tan diferente.

Cada uno va a tener su propio proceso, su propio tiempo, sus propias formas...tal vez esto no coincida con las de su pareja, lo más probable es que no coincidan, entonces que hacemos?


  • Respetemoss. Respetemos el duelo de la otra persona, respetemos sus tiempos y sus formas, respetemos sus silencios y sus lágrimas, sus llantos desconsolados, su rabia, su ira, su indiferencia, sus gritos...respetemos, respetemos porque no somos el otro, respetemos porque el/ella tiene sus propios motivos y sus propios recursos.
  • Comuniquemonos...comuniquemos lo que sentimos y lo que pensamos, no dejemos al otro imaginándose lo que podríamos estar pensando. Comuniquemos lo que sentimos con respecto al hijo/a que se fue. Tratemos en la medida de lo posible de abrir nuestro corazón con nuestra pareja. Tratemos de no mostrar una careta ante el otro, tratemos de no hacernos los fuertes.
  • Hagamos un compromiso, un compromiso de sanar juntos, de ir a terapia juntos, de ir a algún grupo de ayuda, de leer el mismo libro...un compromiso de comprometernos a recorrer cada uno su propio camino pero siempre tomados de la mano.
  • Honrar. Honremos el duelo y la forma de nuestra pareja.
  • Pasar tiempo juntos. Ir a comer algo, al cine, a pasear o simplemente caminar tomados de la mano en silencio.
  • Honrar la muerte del hijo juntos. Hacer algo en su honor juntos.
  • No buscar en otras cosas o en otras personas el apoyo que podemos encontrar en nuestra pareja.
  • No apurarse el uno al otro. Vivir lo que haya que vivir en el tiempo que sea necesario.
  • Hablar del hijo/a que murió. Mencionar su nombre, recordarlo juntos.
Recordemos que al otro también le duele, que el otro también sufre, que al otro también se le ha roto el corazón en mil pedazos...que mejor que sanar nuestros corazones juntos?

Con amor,

Uchi




miércoles, 3 de mayo de 2017

Que me enseñó la partida de Gabriel?



Definitivamente la partida de un hijo cambia tu vida. Nada volverá a ser igual. Tu cambias, tu familia cambia, tus amigos cambian, tu entorno cambia. Pero no porque todo cambie quiere decir que nuestra vida nunca mas volverá a tener color. Depende de nosotros aprovechar estos cambios, depende de nosotros el encontrar lo positivo, depende de nosotros el transformar el dolor en amor y en un motor para trascender y lograr ser mejor persona, mejor ser humano. Depende de nosotros el descubrir las enseñanzas que la partida de nuestros hijos nos han dejado.

Les comparto acá algunas de las mías:


  • El amor nunca muere. Puedo constatar que el amor es más fuerte que la ausencia física, que podemos amar con la misma intensidad a alguien que antes estaba y que ahora no esta físicamente presente y que ese amor crece y seguirá creciendo todos los días.
  • Que voy a extrañar a mi hijo toda la vida. Que nunca me acostumbraré a su ausencia física. Que la muerte de un hijo no se supera sino que se acepta y se interioriza. Que no hay una cura para ese vacío que hay en mi corazón, solo me queda aprender a vivir con el. Que su ausencia me dolerá toda la vida pero con un dolor que si bien al inicio te destroza pues poco a poco se va transformando hasta ya no hacerte daño. Que no llegará un día en que ya no piense en el, en como estaría, de que tamaño estaría, que estaría haciendo. Lo extrañaré toda la vida porque el amor dura toda la vida.
  • Que no puedo retroceder el tiempo...así que tengo que aprovechar cada momento como si fuera el último.
  • Que la vida se vive intensamente y despacio.
  • Que la pérdida de un hijo no es un único evento que tiene un final. La pérdida de un hijo es una continuidad de pérdidas que voy a tener a lo largo de mi vida. A que me refiero? A que éstas pérdidas suceden día tras día, año tras año. Su cumpleaños, navidad, día de la madre, cada vez que empieza el colegio, el verano, las vacaciones, un viaje...una boda que nunca será, un nieto que nunca tendré.
  • Que el lazo con los padres que han perdido un hijo es inquebrantable. Los extraños se vuelven amigos, más amigos que los propios amigos.
  • Que los padres que han pasado por esto son personas maravillosas. Hacen cosas extraordinarias en nombre de sus hijos. Cambian leyes, hacen eventos, hacen asociaciones de ayuda gratuitas. Transforman todo su dolor en un amor sin límites no solo para su hijo sino para el mundo.
  • Como he conocido el mas grande dolor que un padre puede conocer, se también ahora apreciar la mayor bendición, la mayor alegría, el más grande amor. Miro la vida con otros ojos. La trato de respirar intensamente todos los días (aunque hay días en que lo olvido). 
  • Que por el haber perdido un hijo no significa que mi vida no tiene color, que mi vida no tiene alegría, todo lo contrario. Mi vida hoy es más profunda, más rica. He aprendido a llenar mis pulmones de gratitud. No tomo la vida a la ligera, hoy la respeto, la amo, la bendigo porque sé lo frágil que es.
  • Que tengo una familia hermosa, unos amigos que valen oro. 
  • Que uno decide que hacer con lo que le toca vivir. Uno elige que respuesta le da a las preguntas que la vida le hace. Que uno elige como quiere vivir. Que uno elige si quedarse sintiéndose como víctima de las circunstancias o decide ser el protagonista de su vida y trascender lo que te toque vivir por duro que sea.
  • He aprendido a decirle SI a la Vida a pesar de todo.
Con amor,

Uchi



lunes, 17 de abril de 2017

Un cumpleaños de Gabriel que no esperaba


Me ha tomado un tiempo escribir este post. No se por qué. Varias veces me senté a escribir y lo dejaba a medias y algunas ni siquiera podia empezar a escribir. 

El 9 de marzo fue cumpleaños de Gabriel, cumplió 11 años. Como todo los años desde que partió decidimos celebrar su día. Juanjo iba a estar de viaje justo ese día pero lo conversamos e igual decidimos que haga algo en la casa con la familia (repito como todos los años).
Así lo hicimos. Les dije a mis papas, mi hermana, mi suegra, mi cuñada que vengan a mi casa para celebrar el cumple de Gabriel (como todos los años).

Antes todos los cumples de Gabriel siempre han sido días alegres, días en los cuales siempre me he sentido bien y siempre desde su primer cumpleaños desde que partió me ha gustado celebrarlo.

Pero este cumple fue diferente. Me sentí mal desde la madrugada, tuve todo el día muchas nauseas, dolor de barriga y de cabeza, a las justas pude hacer las cosas, estuve casi todo el día echada en mi cama sintiéndome fatal, solo quería dormir. Al día siguiente cosa rara o no tan rara se me fueron todos los síntomas.

Me sentí triste de no haber podido disfrutar su cumple como años anteriores, de no haber estado con la familia, de no haberle preparado algo especial como los años anteriores y por eso también me sentí culpable.

Que había pasado? Por que justo ese día me sentí así? 

Como Terapeuta de Duelo y Holistica puedo entender algunas cosas y como mamá de Gabriel otras. Al día siguiente cuando ya me sentía mejor, entendí:

  • Que no siempre las cosas van a suceder como nosotros las planeamos. 
  • Que no porque ya hayan pasado 6 años mi cuerpo no va a reaccionar.
  • Que tenia que hacer una pausa, que mi cuerpo me estaba pidiendo descansar.
  • Que extraño a mi hijo, lo extraño mucho y por más que yo quiera que algunas fechas pasen desapercibidas, tendré que aceptar que el corazón tiene otros planes.
  • Que las nauseas son rechazo, rechazo a una idea o a una experiencia...Que estaba rechazando yo?
  • Que esta bien pedir ayuda. Yo siempre la pido cuando me doy cuenta que sola no voy a poder.
  • Que hay que aceptar que algunos días la tristeza nos va a acompañar y no pasa nada, solo hay que dejarla entrar ya que no se va a quedar ahí para siempre.
  • Que hay que escuchar a nuestro cuerpo y hacerle caso. El cuerpo habla y tiene mensajes importantes para darnos, hay que saber escuchar con atención.
Así que así fue este cumpleaños de Gabriel, muy diferente a los anteriores.

Me costó vivirlo, me costó entenderlo, me costó aceptarlo pero seguiré caminando, seguiré viviendo, seguiré aceptando que habrán mas fechas así.

Con amor,

Uchi

viernes, 31 de marzo de 2017

La importancia de pedir ayuda

Algo que me ayudó mucho al inicio fue haberme dado cuenta que necesitaba ayuda, que tal vez sola no iba a poder caminar, que tal vez necesitaba algo más que a mi misma para poder salir del hoyo negro en el que me encontraba. Si, me di cuenta que necesitaba ayuda y nunca tuve vergüenza de pedirla.
Pero, que tipo de ayuda necesitaba? Necesitaba hablar, hablar de lo que había pasado con mi hijo, hablar de mi hijo, hablar de mi vida, de mis miedos, de mis vacíos, de que no podía dormir, de que me sentía culpable cuando sonreía, de que no podía disfrutar la comida, de que me dolía respirar...eso necesitaba yo, hablar!!! Y también necesitaba estar con personas que hubiesen pasado por lo mismo, personas que me entendieran, que me escucharan sin juzgar, que me aconsejaran.
Gracias a la vida tengo una amigas y una familia maravillosa y con ellas podía hablar y gracias a la vida también pude contactarme con mujeres que habían pasado por lo mismo que yo, estaban un poco lejos pero eso no era problema igual podíamos conversar y compartir.
Pero yo busque esa ayuda, yo busque a esas personas porque sabia que si no lo hacia me iba a ahogar.
Nunca quise dar la imagen al mundo de que yo era super mujer y que iba a poder salir adelante sola, nunca tuve la careta de que era una mujer fuerte y de que no necesitaba ayuda y eso, el sincerarme conmigo misma y el aceptar que necesitaba ayuda me ayudó enormemente.

No hay que tener vergüenza de pedir ayuda, no hay que tener miedo de aceptar que tal vez solos no vamos a poder, no hay que tener una careta ante el mundo tratando de demostrar que somos unas super personas porque podemos solas. No! 
No hay nada de malo en mostrarnos vulnerables ante el mundo, eso no es ser débil sino todo lo contrario es tener la máxima fortaleza de decir: Quiero salir adelante pero no puedo sola, necesito ayuda, que mas valiente que eso?

No dejemos que la tristeza nos consuma, no dejemos que nuestros miedos nos impidan salir, no dejemos que "el que dirán" dominen nuestra vida.

No tenemos que ser fuertes todo el tiempo, eso no es humano y si no liberamos  poco a poco todo lo que tenemos dentro entonces va a llegar un momento en que vamos a explotar y esa explosión no va a ser nada buena ni para nosotros ni para los que están a nuestro alrededor.

Pidamos ayuda si la necesitamos, es lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos.

Con amor,

Uchi 

domingo, 5 de marzo de 2017

Y soñamos...


Gabriel murió a los 4 años, se como era el a los 4 años, podía ver en lo que se había convertido. En este hombrecito fuerte, decidido, gracioso, amoroso muy amoroso, devorador de pizza...se que lo que era con 4 años y me cuesta imaginarlo mas grande.
Me cuesta imaginármelo de 11 años, de 16, de 25, de 35...como hubiese sido? De que tamaño seria? de que tamaño estaría ahorita? Como seria su pelo? Seguiría del mismo color? Seguiría tan lacio? Sus rasgos? su voz?

Este 9 de marzo cumpliría 11 años...me cuesta saber como seria, de que tamaño estaría.

El viernes pasado fui a pasar el día a la casa de playa de una amiga, entre las personas que estaban ahí había una persona que tiene 3 hijos y uno de sus hijos es exactamente de la edad de Gabriel, es mas iba a estar en su promoción...cada vez que veo a este niño se me encoge un poco el corazón. 
Es como que con él puedo saber mas o menos como estaría Gabriel. 
Lo miraba a lo lejos y pensaba: así mas o menos estaría Gabriel, mas o menos de ese tamaño...wow que grande! si era tan pequeñito.

Hay una edad en la que dejas de crecer, en la que ya sabes mas o menos como vas a ser...para los que hemos perdido un niño pequeño al cual no tuvimos la bendición de verlo crecer, el imaginarnos como seria se vuelve como un sueño y cada vez que vemos un niño que sería mas o menos de la edad de nuestros hijos nos quedamos mirándolo, quizá con un poco de tristeza, quizá con un poco de nostalgia, quizá con un poco de envidia pero lo miramos y soñamos, soñamos un poco...dicen que soñar no cuesta nada no?

Con amor,

Uchi

miércoles, 8 de febrero de 2017

Qué pasa con los hermanos?



Qué pasa cuando uno de nuestros hijos muere y tenemos otros hijos que dependen de nosotros?
Cómo podemos afrontar este dolor en familia? Cómo podemos vivir nuestro duelo cuando hay unas personitas que nos necesitan y nos necesitan bien?

Cuando Gabriel partió, Cristóbal tenia 9 años y Leia tenia 26 días de nacida. Lo primero que supe instintivamente fue que yo tenia que estar bien para que ellos estén bien, pero también supe que ese bien no podía hacerme daño a mi. 
Antes de la semana fuimos con mi esposo donde una terapeuta especialista en duelo, una señora mayor y muy sabia. Conversamos con ella durante mas de una hora y saque algunas cosas que me ayudaron muchísimo en esos primeros meses.
Nos dijo que a mi y a mi esposo nos veía bien (dentro de lo que se puede), que mientras nosotros estuviéramos "bien", ellos estarían bien (no me había equivocado).
Nos dijo que no nos escondamos para llorar, que Cristóbal nos tenia que ver llorar...como no llorar cuando un hijo tuyo a muerto? Cristóbal tenía que tener permiso también para poder llorar a su hermano, para que sienta lo que estaba pasando...si no veía a papá o a mamá llorando, como iba a llorar él? 
Nos dijo que dejemos que sean nuestros propios recursos naturales los que nos ayuden en este proceso, que escuchemos a nuestro cuerpo, que nos dejemos llevar por nuestra intuición. Que observemos a Cristóbal, que él no iba a tener un duelo como el nuestro pues los niños lo viven de manera muy distinta, que veamos si deja de comer o come más, si no puede dormir o duerme demasiado, que veamos si hay algún cambio radical en su comportamiento y que si no hay pues que lo dejemos "tranquilo" y lo mas importante para mi que nos dijo fue que Cristóbal tenía que ir al entierro de las cenizas de su hermano, tenía que despedirse, tenía que cerrar ese circulo en su vida que así el no quisiese ir, tenía que ir.
Que importante fue eso. En ese momento no sabia todo lo que se ahora y que importante para la vida de mi hijo el que haya ido al entierro de las cenizas de Gabriel, que importante que haya cerrado ese circulo en su vida.

Hoy 6 años después puedo decir que estamos bien, que mis hijos están bien y están bien gracias a mi y a mi esposo y por supuesto a su fortaleza interna. Creo que como papás hicimos lo mejor que pudimos, nos dejamos llevar por nuestra intuición y por nuestro inmenso amor a ellos y pudimos salir adelante. 

No fue fácil, hubieron momentos en los cuales hubiese querido estar sola para poder no levantarme de la cama si quería, para poder llorar todo el día si quería, para desaparecerme por una semana si quería pero no podía porque tenia 4 ojitos que me miraban todo el tiempo, 2 ojitos que me miraban esperando encontrar en mi mirada consuelo, seguridad, continuidad y dos ojitos que me miraban recién conociéndome, recién conociendo el mundo y no podía darle a conocer solo dolor.

Este último mes he leído dos libros acerca del duelo de los hermanos. Dos libros que me han hecho ver como vive un hermano que pierde un hermano.
Recordemos que a ellos también les duele, ellos también sufren, ellos también lloran. Ellos también han perdido a alguien muy muy especial y querido para ellos y encima de eso tienen la gran preocupación de ver como sus papas sufren, lloran, se desesperan, ellos no saben que hacer, como ayudarnos, piensan muchas veces que la familia se rompió, que no van a poder recuperarse de tremendo golpe, tienen miedo, mucho miedo de perder también a sus papás.

Algo que también siempre pensé fue: esto nos ha sucedido como familia, no solo nos sucedió a mi esposo y a mi sino también a mis hijos. Así que lo vamos a vivir en familia, cada uno vivirá su duelo pero lo viviremos acompañados, nos acompañaremos en nuestro dolor, si hay que llorar pues lloraremos juntos, si hay que gritar, gritaremos juntos....no podemos vivir el duelo del otro pero nos podemos acompañar y podemos darnos la mano y dejar que el amor haga su trabajo.

Con amor,

Uchi



domingo, 22 de enero de 2017

Qué me ayudó?


Me escribió una mamá preguntándome que me había ayudado a llegar donde estoy. Mientras le respondía pensé en escribir un post acerca de eso.

Primero hay que saber que no hay duelo igual y todos vamos a vivir nuestro duelo de manera única. El duelo es un proceso solitario y muy íntimo. Yo veo al duelo como las huellas digitales, no hay dos iguales.

Pero si considero que escuchar a otras personas, el saber que ayudó a otras personas nos puede ayudar a nosotros también; por eso considero que los grupos de ayuda mutua son tan necesarios porque nos aporta otra mirada, otra forma de ver y hacer las cosas, nos hace ver al otro no con los ojos sino con el corazón y nos hace ver que hay mas posibilidades que las que nosotros por el momento podemos vislumbrar.

Que me ayudó? Acá les comparto lo que me ayudó:

  • Me ayudó creer en lo que yo quería creer, no en lo que me dijeron alguna vez, no en lo que se supone que deba creer. Elegí creer en lo que me hacia bien pero sin culpa, sin sentirme mal de ir en contra de lo que alguna vez creí o me dijeron que crea. El creer en lo que yo quisiera, me ayudó a sentir paz.
  • Me ayudó el repetirme como un mantra: Nadie muere en la víspera, nadie!
  • Me ayudó el deshacerme de la culpa. Como? Pues simplemente haciéndome las siguientes pregunta: Sabias lo que iba a pasar? No! Tienes la capacidad de ver el futuro? No! Entonces, como sentirte culpable de algo que no sabías que iba a pasar?
  • Me ayudó el pensar y el creer (y esto me ayudó también con la culpa) que el universo es perfecto y que todo pasa cuando tiene que pasar, ni antes ni después, sino en el momento exacto.
  • Me ayudó el no medicarme. Me ayudó el dejar que el dolor haga su trabajo, el dejar que sean mis propios recursos los que me ayuden. 
  • Me ayudó el confiar en mi misma. 
  • Me ayudó el escuchar a mi cuerpo. La naturaleza es muy sabia, muy muy sabia. Me ayudó el escucharme.
  • Me ayudó el no forzarme a situaciones en las que no me sentía preparada. Me ayudó el hacer lo que yo quería hacer.
  • Me ayudó leer. Al día siguiente de la partida de Gabriel empecé a leer y no he parado desde entonces. Siempre me ha gustado leer así que fue una ventaja. Me devoraba los libros, bueno aun lo hago pero al principio lo único que hacia era leer y leer. Me ayudo porque me mostró otras formas, otras pérdidas, otros mundos, otras miradas, otras posibilidades.
  • Me ayudó el no aislarme. Me ayudó el estar con la familia y con buenos amigos. El salir, el buscar a mis amigas para conversar.
  • Me ayudó el hablar de mi hijo, de su vida y de su muerte, el hablar de él me llenaba, me llena.
  • Me ayudó el llorar, el dejar que mis lágrimas salgan sin pudor, sin vergüenza, sin culpa.
  • Me ayudó el tener una misión, el tener una tarea, el tener una meta. El abocarme a algo que quería hacer, el mantenerme ocupada pero sobretodo el mantener ocupada mi mente.
  • Me ayudó el continuar con mi vida. Aunque quería que el mundo se detuviera conmigo siempre agradecí que el mundo continuara y el yo poder continuar con el.
  • Me ayudó el poder compartir, aunque sea a la distancia, con otras personas que habían pasado también por la pérdida de un hijo. Me ayudó el escucharlas, el poder sentirme comprendida y no juzgada por lo que pensaba y sentía.
  • Me ayudó el sentirme libre de expresar como me sentía y que sentía.
  • Me ayudó el no perder la esperanza. Por más negro que mi camino podía volverse siempre vi la luz al final y eso me ayudaba a seguir caminando con la esperanza de saber que iba a llegar a la luz.
  • Me ayudó el querer estar bien. El saber que iba a tener que transitar por el duelo pero que finalmente iba a llegar a la aceptación e interiorización de la muerte de mi hijo.
  • Me ayudó no perder nunca la Fe.
  • Me ayudaron muchas cosas pero creo que lo que más me ayudó fue creer que Gabriel es un ser extraordinario, que me eligió como mamá y como su maestra en esta vida y que partió justo en su momento porque cumplió con lo que vino a hacer. Y ahora mi pequeño es mi maestro y la luz que ilumina mi camino. Me ayuda el saber que está conmigo y que estará conmigo hasta que yo vaya a su encuentro.
Deseo de todo corazón que algo de lo que me ayudó a mi, los ayude a ustedes.

Con amor y llena de esperanza,

Uchi

domingo, 15 de enero de 2017

Deja ir a la tristeza


Por qué creemos que dejar la tristeza, que dejar el dolor es de alguna forma olvidarnos de nuestros hijos?

Al principio es normal conectarnos con nuestros hijos a través del dolor y de la tristeza, al sentir pena, tristeza, dolor nos sentimos mas cerca de ellos y pensamos (erróneamente) que al dejar de sentirla pues ya no sentiremos a nuestros hijos y estaremos olvidándolos.
No queremos dejar al dolor que nos ha acompañado por mucho tiempo, no queremos dejar a la tristeza porque se ha vuelto nuestra amiga o nuestra enemiga, no queremos dejar ir a la melancolía porque forma parte de nuestra vida, de nuestros días y pensamos (nuevamente erróneamente) que si ya no sentimos esto y empezamos a sentir que la alegría o las ganas de ser feliz van tocando nuestra vida, nos asustamos, no queremos abrir la puerta a la vida porque sentimos (erróneamente) que al hacerlo les estamos faltando el respeto a nuestros hijos, que al hacerlo, que al ser felices, que al disfrutar de la vida nos vamos poco a poco olvidando de ellos. 

De verdad pensamos que algún día podremos olvidarnos de nuestros hijos? Sabemos la respuesta, esa respuesta es NO! Jamás nos olvidaremos de ellos...no tengamos miedo de retomar nuestras vidas, no tengamos miedo de abrirle la puerta a la alegría, a las ganas de vivir.

Una vez que dejemos de lado la tristeza, vamos a ir viendo como el dolor (que siempre nos va a acompañar) va cambiando de forma, va cambiando de intensidad, se va transformando y poco a poco se va volviendo un dolor casi imperceptible, se convierte en nuestro amigo y ya no nos lastima. 
Vamos dejando la tristeza y le damos paso a la alegría, vamos dejando el resentimiento, la rabia, la cólera y le vamos dando espacio al AMOR y es ese amor el que empieza a conectarnos con nuestros hijos. Es ahí, cuando empezamos a conectarnos con ellos a través del amor, de la alegría, de las ganas de vivir y ser felices y vamos viendo la diferencia de conectarnos con ellos a través del amor y ya no del dolor.
Vemos una foto de ellos, pensamos en ellos y ya no hay punzadas de dolor, sonreímos al verlos y al recordarlos porque nos sentimos dichosos de haberlos tenido y de seguir teniéndolos.

No tengamos miedo de dejar la tristeza, no tengamos miedo de abrir nuestro corazón al amor, a la alegría, eso no significa que los vamos a olvidar, todo lo contrario, significa que los tenemos presente, que los tenemos muy dentro de nosotros por siempre, significa que hemos entendido que debemos homenajear a nuestros hijos con lo mejor que tenemos y eso es el AMOR y no la tristeza.

Con amor,

Uchi