miércoles, 19 de octubre de 2016

La furia y la tristeza



Ayer en la reunión de Thaniyay estuvimos hablando acerca de la furia, de la ira, de este sentimiento que nos invade sobretodo los primeros meses de la partida de nuestros hijos.
Recuerdo las primeras semanas después de la muerte de Gabriel. Estaba muy molesta, molesta con la vida, con Dios, con el orden del universo, conmigo misma, con las personas que no habían perdido un hijo...estaba furiosa! Pero no es simplemente un pequeño enfado, en como si fuera un volcán que esta en erupción y que no hace falta nada extraordinario para que el volcán explote.
Ésta ira con la muerte, por verla injusta, mala, ésta ira con uno mismo por no haber podido evitar la muerte de nuestros hijos, ésta ira con Dios por creerlo culpable de habérselo llevado. Si! sentimos mucha ira porque al principio no entendemos muchas cosas, tenemos muchas preguntas que no tienen respuesta. Nos cuesta aceptar la partida, nos cuesta reconciliarnos con la vida, nos cuesta perdonarnos a nosotros mismos.

Pero pasa el tiempo y con el pasa la rabia, poco a poco se va desvaneciendo y finalmente nos damos cuenta que ya no sentimos rabia sino tristeza. Finalmente vamos entendiendo algunas cosas y miramos dentro de nosotros y tomamos conciencia de lo sucedido y de lo definitivo de la muerte. La rabia ya no nos sirve, ya no tenemos lugar para ella dentro de nosotros.

Hay que abrazar nuestros sentimientos, hay que abrazar nuestra tristeza, hay que abrazar nuestra rabia para volver a tener calma.

Comparto un cuento de Jorge Bucay acerca de la furia y la tristeza...a leer con atención y a darnos cuenta que encierra en realidad la furia:

"En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizá donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta… donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas… había una vez una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores y donde miles de verdes se reflejaban permanentemente . . . . . . . .

Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse, haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.

Las dos se quitaron sus vestimentas y, desnudas, entraron al agua.

La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se bañó rápidamente y más rápidamente aún, salió del estanque . . . . . . . .
Pero la furia es ciega, o por lo menos, nos distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró, que resultó no ser la suya, sino la de la tristeza…

Así vestida de tristeza, la furia desapareció en el bosque.

Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y, sin apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del agua. Ya en la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.

Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad… está escondida la tristeza"

Con amor,

Uchi