domingo, 3 de julio de 2016

Esos primeros días


Estos semanas por diferentes motivos me han hecho recordar aquellos primeros días de la partida de Gabriel.

Esos dias en los cuales no vives sino solo sobrevives. Esos días en los cuales no te sientes cómoda ni en tu propia piel, yo sentía que mi piel me ahogaba, me sentía encerrada en mi propio cuerpo. Esos días en los cuales no eres parte del mundo, tu cuerpo está presente pero tu alma y tu mente no, ellas están donde tu hijo está.
Recuerdo que habían días en los cuales no recordaba lo que había hecho, era como si no los hubiese vivido y claro era porque mi mente, mi corazón y mi alma se iban a encontrarse con Gabriel en este universo paralelo en donde él está vivo.
Levantarme por la mañana me costaba pero lo hacia, respirar me dolía pero lo hacia, comer me hacia sentir culpable pero lo hacia...lo único que en esos primeros días me aliviaba y era como un refugio para mi, era bañarme...sentía que en la soledad del baño podía ser yo, que no tenia que fingir que todo estaba bien, que yo estaba bien y no me estaba desmoronando. En la intimidad del baño podía dejar que salgan mis lagrimas, mi llanto, mi tristeza infinita y le decía al agua que se las lleve, que me limpie por fuera y por dentro, le pedía que se lleve mi dolor, que se lleve mi pena, que se lleve mis lagrimas y veía como el agua se iba cargada con mis penas y cuando terminaba de bañarme me sentía en paz, ligera, tranquila...
Otra cosa que me ayudaba en esos primeros días era manejar. Agarraba mi carro y manejaba por todo Lima, no iba a ningún lugar en especial, solo manejaba. En esa soledad del auto, con música a todo volumen lloraba, gritaba, respiraba y me sentía mejor. Aunque recuerdo un día que me perdí, si me perdí en mi propia ciudad. Regresaba del sur y termine por huachipa...claro me sumergía tanto en los recuerdos de mi hijo que me desconectaba de la realidad.
"Disfrutaba" mucho de mi soledad, de la tranquilidad de estar solo conmigo misma, sentía que en esa soledad podía conectarme más con mi hijo, dejaba atrás el bullicio del día a día, las responsabilidades, lo que se supone debía hacer y me sumergida en esta soledad acompañada, en esta soledad que se llenaba con la presencia de mi hijo, en esta soledad que la sentía como sublime porque me hacia sentir mas cerca a mi hijo.

En esos primeros días caminaba a oscuras guiada solo por mi dolor pero confiada en que estaba por el buen camino....si, desde el día que Gabriel partió empecé a confiar a confiar más que nunca. Confiaba en mí, confiaba en mi propia naturaleza, en mis propios recursos, confiaba en que tenía que seguir caminando, confiaba en mi camino, confiaba en que la vida podía volver a ser hermosa. Tenía que confiar! No podía no hacerlo. Sentía que me tenía que aferrar a algo que me ayude. Y me aferré a la confianza en mi proceso, a la confianza en la perfección del universo pero también me aferré al amor de mi hijo, a ese amor que nunca muere, a ese amor que va más allá de la muerte y que yo lo podía sentir tan vivo, lo sentía con cada célula de mi cuerpo. 

Los primeros días fueron los más difíciles de mi vida, el seguir viviendo me costaba la vida, el seguir respirando me causaba daño, el abrir los ojos me cegaba...pero desde el primer día que mi hijo partió tenía algunas cosas claras gracias a que más que fuerza yo le pedía a mi hijo claridad, claridad para entender lo que había pasado, claridad para poder entender sus mensajes, claridad para poder seguir caminando.
Desde el día que el partió yo sabía que me iba a doler el alma como nunca antes me había dolido nada, sabía que mi corazón se iba a tener que partir en mil pedazos lo sabia y lo acepté desde el primer día. No acepté ningún tipo de medicación porque no quería aplazar el dolor, quería sentirlo ya! Quería que me destroce ya! Porque sabía que así iba a ser la única forma en que iba a poder sanar, en que iba a poder ser reparada tanto mi alma como mi corazón. 
Sabía también que el camino que me esperaba no iba a ser fácil, sabía que iba a ser un camino largo, oscuro y doloroso pero sabía también que había una luz al final camino, podía verla, era una gotita de esperanza entonces supe que tenía que empezar a caminar para poder llegar a esa luz.
Sabía que había algo más allá, sabía desde el momento en que Gabriel partió que había algo mucho más grande que su muerte, sabía que había un para que, sabía que mi hijo no se había ido en vano, había algo más!

Descubrí en esos primeros días que la muerte no existe, que la muerte es solo un cambio de estado, lo supe porque quería creerlo y porque sentía a mi hijo de una forma tan viva que no había forma de creer lo contrario.

Si bien esos primeros dias, meses fueron como una pesadilla hecha realidad siempre tuve mi Fe que me sostuvo, mi familia que abrazó mi alma, mis amigas que abrazaron mi vida, mis hijos que fueron mi medicina y mi bálsamo para mi corazón hecho pedazos, mi esposo que fue mi sostén, mi admiración, mi fortaleza, tuve también mis ganas de seguir viviendo, mis ganas de no quedarme en el sufrimiento, mis ganas de aprender y encontrarle un sentido a todo lo que estaba pasando y por supuesto tuve y tengo a Gabriel, mi faro en la tormenta, mi luz en la oscuridad, mi hijo que me sostuvo y me sostiene de la mano y se que lo hará siempre.

Con amor,

Uchi

9 comentarios:

  1. Me hizo recordar mis primero días sin mi hija. Esos días en que no sabes como puedes estar allí. Ahora, al leerla, me han quedado claras.
    Gracias por compartir, sus primeros días.
    La abrazo con todo el corazón.

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  3. Me identifico plenamente con tu historia porque yo también por la misma situación y se que la fe y la esperanza es lo único que nos dan la fortaleza para seguir adelante, sólo Dios entiende nuestro dolor y lo convierte web luz para nosotros y para los que están a nuestro alrededor. Felicitaciones por su fortaleza y por la forma en que asumió ese dolor.

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    1. Gracias Gladys. Muy sabias tus palabras. Un abrazo

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  4. Ufff. Cómo entiendo todas y cada una de tus palabras. Con sus matices. Con sus dolores de esta realidad tan irreal. Gracias por compartirlo.
    No resuelve mucho, pero acompaña saber que hay personas que, estén donde estén, sienten lo mismo.
    Un día escribiré lo q tiene mi corazón roto. Seguro que me sirve de terapia.
    Mientras... gracias.

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    1. Claro que si, el escribir nos ayuda a desahogar y lo mejor es que tal vez alguien nos lee y le ayudamos un poquito como tu bien dices a sentirte acompañada. Un abrazo

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  5. Hoy he confirmado que no existen las coincidencias... estaba planificado salir de clase temprano sin embargo me quedé. He regresada a casa y he conversado con mi esposa y con el amor que se gesta en su vientre. He leído varios de sus publicaciones... y sé que hay un GRAN PARA QUÉ...GRACIAS POR TANTA VIDA

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    1. Que lindo! Definitivamente no existen las coincidencias. Les envio un fuerte abrazo! Y si, si hay un gran PARA QUE!

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