miércoles, 8 de junio de 2016

Abracemos nuestro dolor y enseñemos a nuestros hijos a hacerlo.


El otro día mientras veía mi Facebook una publicación en un grupo al que pertenezco llamó mi atención. En ella una mamá ponía lo siguiente: Alguien sabe de algún perrito para adoptar? Mi hijo esta muy triste. Entre a leer los comentarios y en uno de ellos me entere que el niño estaba triste porque su perrito había muerto.
Me quede pensando en el mensaje para el niño...no sientas tristeza porque tu perro murió, vamos a reemplazarlo para que no estés triste. Claro eso es lo que yo entendí, me puedo estar equivocando.
Quien quiere que su hijo sufra? Nadie! obviamente como padres no queremos ver a nuestros hijos tristes y vamos a tratar a toda costa de evitarles algún dolor, pero es lo correcto? es eso lo que realmente debemos hacer?

Yo pienso que no.

Vivimos en un mundo en el que sentir dolor no esta permitido, vivimos en un mundo en el que no hay que sentir tristeza, para que? Todo lo contrario, el mundo nos vende el placer, el sentirnos bien ya sea con nuestros propios recursos o con recursos externos.
Tengamos cuidado en lo que estamos, tal vez de manera inconsciente dando a entender a nuestros hijos. En que ellos pueden reemplazar lo perdido, ya sea con otra cosa, con otra persona, en que es muy fácil evitarte algún dolor ya sea físico o emocional, solo tienes que tomar una pastilla para que te deje de doler la cabeza o tomarte algo mas fuerte para no sentir esa angustia en el pecho y no les enseñamos a escuchar a su cuerpo, a dejar que su cuerpo les hable. Si te duele algo es por algo, tu cuerpo algo que quiere decir, préstale atención. Esa angustia que sientes te esta queriendo hablar también, hay que mirar para adentro, que nos quiere decir? que cambios debo realizar? donde se origina esta angustia?

No esta mal sentir tristeza, no esta mal estar tristes, no esta mal sentir dolor. 
Si el niño perdió a su perrito, tiene que llorarlo, tiene que estar triste, tiene que expresar lo que siente, tiene que vivir su duelo y nosotros como padres debemos acompañarlo en ese proceso y dejarlo expresarse y validar sus sentimientos. 

El dolor es un gran maestro, los tropiezos, dolores y tristezas de la vida nos enseñan, nos dan herramientas, nos  humaniza, nos hace crecer. Tenemos que darnos cuenta de la importancia de vivir sanamente nuestros duelos.

Una abuela que perdió a su nieta nos contaba en los grupos el otro día lo siguiente: "Mi hijo (padre de la niña que partió) siempre tuvo una vida fácil, todo se le dio de una manera en la cual no tuvo que esforzarse para lograr lo que quería, a lo largo de su vida no tuvo ningún dolor, ninguna tristeza, toda su vida fue una linea recta, no tuvo subidas ni bajadas y entonces su hija muere y el se vió por primera vez a sus 44 años frente a una situación  de un dolor extremo y sin herramientas para poder salir adelante. Sus recursos naturales habían estado dormidos, nunca los tuvo que poner en practica y cuanto le ha costado"

Por eso, abracemos nuestro dolor, abracemos nuestra tristeza, no tengamos miedo de sentirla. Enseñemos a nuestros niños a sentirla, a expresarla, validemos lo que sienten, démosles tiempo para que vivan sus propios duelos, démosles herramientas para que puedan afrontar situaciones dolorosas y difíciles. 

Con amor y agradecida,

Uchi