lunes, 23 de febrero de 2015

Esta es mi vida...este es mi viaje


Se acerca el santo de Gabriel, cumple 9 años...estos días he estado pensando mucho en como estaría ahorita, como seria, de qué tamaño estaría, que cosas diría, como seria en el colegio, con sus amigos...y también he estado mirando a Leia que justo tiene 4 años y pensando y tratando de acordarme si Gabriel era como Leia a esa edad o mejor dicho si Leia es como era Gabriel a esa edad.

Pienso en mi chiquito y no puedo evitar sentirme melancólica, nostálgica, trato de huirle a la tristeza pero creo que no me está funcionando...siempre las fechas especiales nos ponen así. 

En estos días la ausencia física de Gabriel se ha hecho más presente (como si fuera posible no tenerla presente)...trato de caminar en puntillas para no despertar al llanto y hasta ahora lo voy logrando, no sé hasta cuando sea posible, mientras más se acerca la fecha, más ligero es el sueño de mis lágrimas y más pesados mis pasos.

También pensaba (sin poder evitar) en algunos momentos en porque se tuvo que ir Gabriel, si yo sé, entiendo, acepto, estoy en paz pero soy humana y algunas veces me cuestiono y siento rabia y pienso en que estaría mucho mejor con Gabriel acá pero luego respiro, me calmo y sé que eso nunca lo sabré y estoy en paz con eso también.

Esta es mi vida, este es mi viaje y no puedo desperdiciarla deseando algo más, algo diferente, al contrario la acepto y la abrazo como es, con sus alegrías, con sus penas, con sus sufrimientos, con sus dolores. 
Nunca llegará un momento en que mis deseos estén acordes con lo que es mi vida...siempre habrá algo que extrañe, algo que no tengo, algo que me falte, siempre extrañaré a Gabriel con todo mi corazón pero eso no me puede impedir amar mi vida tal cual es, amar a las personas que tengo en mi vida.

Estoy entendiendo y aceptando que por cada momento de dolor hay también un momento de alegría, por cada lagrima hay una sonrisa, por cada suspiro hay un abrazo...la vida es bella tal cual es.

Sí, estoy triste, quizá melancólica, quizá nostálgica...no tengo a Gabriel conmigo físicamente pero lo tengo más cerca que nunca...todo es perfecto!



miércoles, 18 de febrero de 2015

A tener paciencia...

Cuando un hijo muere no solo muere nuestro hijo muere también una parte de nuestra vida, de nuestra familia, de nosotros mismos.
Tenemos que decir adiós a nuestro hijo y también a esa vida que con el vivimos. 
Nada volverá a ser igual, todo cambió desde el momento en que ellos se fueron.
Y como humanos le tenemos miedo al cambio, pensamos que lo que se viene será terrible y si, en parte lo es porque tenemos que vivir el duelo por la partida de nuestro hijo pero si nos enfocamos en lo bueno, en el amor, en la luz podemos ver las cosas buenas de la vida aun, podemos abrirnos al amor y dejar que la magia de la ausencia de nuestros hijos hagan su trabajo. 

Pero si, todo cambia y lo que mas cambia somos nosotros mismos...cambia nuestra mirada al mundo, a la vida, a los demás...nos volvemos mas compasivos, más sensibles, mas espirituales.
Pero dentro de estos cambios hay cosas que nos suceden que no entendemos. Y a veces sentimos rabia, envidia, celos, cólera mucha cólera, sentimos que la vida ha sido injusta con nosotros...no nos sintamos mal por sentir eso.
Expresemos nuestros sentimientos, dejemos que salgan para que no nos lastimen por dentro.

Si bien vamos sanando poco a poco hay partes de nosotros que toman mas tiempo en cicatrizar...perder un hijo es un trauma (dentro de otras cosas)  y como trauma hay que trabajarlo y trabajar todo lo que ello implica.

Nadie nunca sabrá lo que cada uno de nosotros batalla en su interior, con qué demonios inconscientes nos enfrentamos, que heridas dejó la partida de nuestros hijos que muchas veces sin querer repercuten en los demás.

No somos los mismos y tenemos que aprender a conocernos nuevamente. Tenemos que sanar de una herida que ha matado una parte de nosotros mismos.
Y eso cuesta, cuesta muchísimo. 

No nos juzguen y tengan paciencia...

Uchi


miércoles, 4 de febrero de 2015

Superar? No...Aceptar? SI!


Muchas veces me han preguntado: Se puede superar la muerte de un hijo?
Nunca he podido contestar con exactitud esta respuesta y hoy pienso que no se supera...se acepta, se interioriza, se vuelve tuyo.

Y por que no se supera? Porque la muerte no es algo que se tenga que superar. Uno supera un problema, una dificultad, una mala relación, un inconveniente pero no se supera la muerte de un hijo.
Con esto no quiero decir que uno se queda atrapado en el tiempo y que nunca se llega a vivir sin sufrir no, lo que quiero decir es que la muerte de un hijo va mas allá de una simple superación.

Para empezar esta mal hecha la pregunta....no se debe preguntar si se supera la muerte de un hijo lo que se debe preguntar es si se llega a aceptar sanamente la muerte de un hijo.

Debemos aceptar su muerte, su partida, su transformación, su presencia ausente.
Aceptarla como parte de nuestra vida. Aceptar que ellos nunca mas van a regresar pero que siguen con nosotros de una forma espiritual, aceptar que era su momento de partir y no renegar con la vida, con Dios, con el universo por los injustos que fueron con nosotros.
Aceptar también este vacío que queda no solo en nuestros corazones sino también en nuestra vida, este vacío que nada ni nadie podrá llenarlo solo el amor hacia ellos, hacia nuestros hijos que a pesar de la gran distancia que nos separa siguen tan fuerte y creciendo cada día.

Y cuando llegue la aceptación luego tendremos que interiorizar su muerte, su partida...y por que interiorizar? Porque es algo con lo que vamos a vivir toda la vida. Uno nunca se va a olvidar de su hijo/a, jamas nos olvidaremos de ellos, de su vida por corta o larga que haya sido, ese hijo/a que partió será recordado todos los días hasta que nos volvamos a encontrar.

Si bien con el paso del tiempo el dolor que nos acompaña se va transformando, el sufrimiento apenas se asoma por nuestro día a día en cambio la risa y la alegría aparecen mas a menudo, miramos la foto y ya no lloramos sino sonreímos por el tiempo compartido que hoy es un tesoro...algunos días estarán esos suspiros que nos llenan el alma de una nostalgia muchas veces indescriptible y por ahí alguno que otro día, en alguna fecha unas lagrimas se asomarán y algunas veces nos encontraremos con nuestra mirada perdida pensando en ese hijo/a que ya no esta mas físicamente y así será pero el dolor ya no nos lastimará porque ya aceptamos su partida como parte de nuestra vida porque ya la hicimos nuestra y convivimos con ella en paz, en una extraña paz pero paz al fin.

Con amor,

Uchi