sábado, 23 de julio de 2016

Tu duelo es tuyo, no dejes que te lo quiten


Casi nunca escucho radio, pero un día de la semana pasada por esas casualidades de la vida, encendí mi auto y estaba en una radio my conocida. Llegue a escuchar el final de una entrevista y escuché que el entrevistador le pedía al psicólogo que había estado entrevistando que les de un consejo a las personas que estaban atravesando un duelo. Lo que este señor contestó me dejó con la boca abierta, él dijo lo siguiente: Bueno lo que les podría decir es que si después de 3 meses siguen llorando y siguen con una pena muy grande lo mejor es que busquen ayuda profesional y medicación. QUE??? no podía creer lo que acababa de escuchar de un supuestamente profesional de la salud. Lo primero que pensé fue: se nota que él no ha perdido un hijo y después pensé, este señor no ha vivido un duelo nunca.
Me dio mucha pena por las personas que estaban escuchando ese programa, definitivamente muchas de ellas en duelo muy reciente por la pérdida de un ser querido y sientiéndose muy tristes y al escuchar lo que este señor decía con la supuesta autoridad que tiene, han debido sentir que estaban por un mal camino y que necesitaban urgente ir a buscar ayuda profesional y medicarse. Que daño tan grande puede haber hecho este "psicologo".

El duelo es la respuesta emocional que vamos a tener ante cualquier pérdida. Nuestro cuerpo, nuestra naturaleza es tan sabia que vamos a entrar en este proceso para poder lidiar, avanzar, aceptar, interiorizar la pérdida que hemos tenido.
El duelo tiene algunas características:
  • Es inevitable, lo vamos a vivir si o si. Podemos aplazarlo? si podemos. Pero en algún momento de nuestra vida va a regresar y va a ser peor. Lo mejor es vivirlo en su momento.
  • No tiene tiempo. Es lo que he aprendido en estos 4 años acompañando a familias en su proceso de duelo. Nos puede durar 3 meses, 8 meses, 5 meses, un año, dos años, toda la vida. Va a depender de lo que nosotros hagamos para salir adelante, de las herramientas que tengamos, de los recursos que dispongamos. El tiempo no sana, somos nosotros quienes nos sanamos a través del tiempo.
  • No es lineal. El duelo es como una montaña rusa. Una montaña rusa de emociones. Muchas veces estamos arriba y otras veces abajo. Al principio las caídas son bien pronunciadas y seguidas y conforme vamos trabajando nuestro duelo éstas son cada vez menos pronunciadas y menos frecuentes.
  • Conlleva sufrimiento. Sí, vamos a sufrir, nos va a doler, vamos a llorar, vamos a sentir rabia, envidia, odio, culpa, ira, una pena muy profunda. Vamos a sentir todo en carne viva, y es normal y esta bien sentirlo porque estamos sanando y para poder sanar nos tiene que doler. Como dijo Alejandro Jodorowsky https://es.wikipedia.org/wiki/Alejandro_Jodorowsky cuando murió su hijo: Va a doler, y va a doler muchísimo pero así es la única forma en que va a sanar.
(Hace un tiempo escribí un post acerca de duelo en donde Jorge Bucay, en su libro "El Camino de las Lágrimas" hace una analogía maravillosa de la herida física con el duelo, acá les dejo el link por si quieren leerlo http://meganeelcielo.blogspot.pe/2015/05/las-etapas-del-duelo-segun-jorge-bucay.html)

Esas características para mi son las mas significativas.
Así que vivamos nuestro duelo, no dejemos que nadie nos diga que ya es momento de dejar de llorar, que nadie nos diga que ya es momento de retomar nuestra vida, que ya es momento de ir a bailar, que ya es momento de escuchar música, que ya es momento de retomar la intimidad con nuestra pareja, que ya es momento de dejar de ir al cementerio tan seguido, que ya es momento de regalar sus cosas, que ya es momento de transformar su cuarto, que ya es momento de salir con los amigos, que ya es momento de dejar de hablar de ellos, que ya es momento de dejar de tener la mirada perdida, que ya es momento de dejar de escribir en facebook cosas de nuestros hijos, que ya es momento de dejar de escribirles a ellos (como si ellos lo fueran a leer), que ya es momento de dejar de ir a ese grupo de ayuda mutua, que ya es momento de salir de viaje, que ya es momento de tener la mirada triste, que ya es momento de dejar de celebrarle el cumpleaños, que ya es momento...

Vivamos nuestro duelo en nuestro tiempo, en nuestra forma, con nuestros recursos, pero si sentimos que necesitamos ayuda ya sea de un médico, de un grupo, de algún amigo, entonces busquemos esa ayuda, no nos aislemos.
Nosotros mejor que nadie sabemos que es lo mejor para nosotros, así que miremos dentro de nosotros y busquemos en nuestro interior las respuestas, ahí están todas, aprendamos a escucharnos, a escuchar nuestro cuerpo, a escuchar nuestra alma.

Y para las personas que están acompañándonos en este camino, por favor déjennos vivir nuestro duelo, déjennos llorar, déjennos encerrarnos en el baño...no nos vamos a hacer daño. Dennos nuestro espacio y nuestro tiempo para vivir nuestro duelo, para poder retomar las riendas de nuestra vida, para poder adaptarnos a esta nueva vida sin este ser tan querido.

Con amor,

Uchi




domingo, 3 de julio de 2016

Esos primeros días


Estos semanas por diferentes motivos me han hecho recordar aquellos primeros días de la partida de Gabriel.

Esos dias en los cuales no vives sino solo sobrevives. Esos días en los cuales no te sientes cómoda ni en tu propia piel, yo sentía que mi piel me ahogaba, me sentía encerrada en mi propio cuerpo. Esos días en los cuales no eres parte del mundo, tu cuerpo está presente pero tu alma y tu mente no, ellas están donde tu hijo está.
Recuerdo que habían días en los cuales no recordaba lo que había hecho, era como si no los hubiese vivido y claro era porque mi mente, mi corazón y mi alma se iban a encontrarse con Gabriel en este universo paralelo en donde él está vivo.
Levantarme por la mañana me costaba pero lo hacia, respirar me dolía pero lo hacia, comer me hacia sentir culpable pero lo hacia...lo único que en esos primeros días me aliviaba y era como un refugio para mi, era bañarme...sentía que en la soledad del baño podía ser yo, que no tenia que fingir que todo estaba bien, que yo estaba bien y no me estaba desmoronando. En la intimidad del baño podía dejar que salgan mis lagrimas, mi llanto, mi tristeza infinita y le decía al agua que se las lleve, que me limpie por fuera y por dentro, le pedía que se lleve mi dolor, que se lleve mi pena, que se lleve mis lagrimas y veía como el agua se iba cargada con mis penas y cuando terminaba de bañarme me sentía en paz, ligera, tranquila...
Otra cosa que me ayudaba en esos primeros días era manejar. Agarraba mi carro y manejaba por todo Lima, no iba a ningún lugar en especial, solo manejaba. En esa soledad del auto, con música a todo volumen lloraba, gritaba, respiraba y me sentía mejor. Aunque recuerdo un día que me perdí, si me perdí en mi propia ciudad. Regresaba del sur y termine por huachipa...claro me sumergía tanto en los recuerdos de mi hijo que me desconectaba de la realidad.
"Disfrutaba" mucho de mi soledad, de la tranquilidad de estar solo conmigo misma, sentía que en esa soledad podía conectarme más con mi hijo, dejaba atrás el bullicio del día a día, las responsabilidades, lo que se supone debía hacer y me sumergida en esta soledad acompañada, en esta soledad que se llenaba con la presencia de mi hijo, en esta soledad que la sentía como sublime porque me hacia sentir mas cerca a mi hijo.

En esos primeros días caminaba a oscuras guiada solo por mi dolor pero confiada en que estaba por el buen camino....si, desde el día que Gabriel partió empecé a confiar a confiar más que nunca. Confiaba en mí, confiaba en mi propia naturaleza, en mis propios recursos, confiaba en que tenía que seguir caminando, confiaba en mi camino, confiaba en que la vida podía volver a ser hermosa. Tenía que confiar! No podía no hacerlo. Sentía que me tenía que aferrar a algo que me ayude. Y me aferré a la confianza en mi proceso, a la confianza en la perfección del universo pero también me aferré al amor de mi hijo, a ese amor que nunca muere, a ese amor que va más allá de la muerte y que yo lo podía sentir tan vivo, lo sentía con cada célula de mi cuerpo. 

Los primeros días fueron los más difíciles de mi vida, el seguir viviendo me costaba la vida, el seguir respirando me causaba daño, el abrir los ojos me cegaba...pero desde el primer día que mi hijo partió tenía algunas cosas claras gracias a que más que fuerza yo le pedía a mi hijo claridad, claridad para entender lo que había pasado, claridad para poder entender sus mensajes, claridad para poder seguir caminando.
Desde el día que el partió yo sabía que me iba a doler el alma como nunca antes me había dolido nada, sabía que mi corazón se iba a tener que partir en mil pedazos lo sabia y lo acepté desde el primer día. No acepté ningún tipo de medicación porque no quería aplazar el dolor, quería sentirlo ya! Quería que me destroce ya! Porque sabía que así iba a ser la única forma en que iba a poder sanar, en que iba a poder ser reparada tanto mi alma como mi corazón. 
Sabía también que el camino que me esperaba no iba a ser fácil, sabía que iba a ser un camino largo, oscuro y doloroso pero sabía también que había una luz al final camino, podía verla, era una gotita de esperanza entonces supe que tenía que empezar a caminar para poder llegar a esa luz.
Sabía que había algo más allá, sabía desde el momento en que Gabriel partió que había algo mucho más grande que su muerte, sabía que había un para que, sabía que mi hijo no se había ido en vano, había algo más!

Descubrí en esos primeros días que la muerte no existe, que la muerte es solo un cambio de estado, lo supe porque quería creerlo y porque sentía a mi hijo de una forma tan viva que no había forma de creer lo contrario.

Si bien esos primeros dias, meses fueron como una pesadilla hecha realidad siempre tuve mi Fe que me sostuvo, mi familia que abrazó mi alma, mis amigas que abrazaron mi vida, mis hijos que fueron mi medicina y mi bálsamo para mi corazón hecho pedazos, mi esposo que fue mi sostén, mi admiración, mi fortaleza, tuve también mis ganas de seguir viviendo, mis ganas de no quedarme en el sufrimiento, mis ganas de aprender y encontrarle un sentido a todo lo que estaba pasando y por supuesto tuve y tengo a Gabriel, mi faro en la tormenta, mi luz en la oscuridad, mi hijo que me sostuvo y me sostiene de la mano y se que lo hará siempre.

Con amor,

Uchi

miércoles, 8 de junio de 2016

Abracemos nuestro dolor y enseñemos a nuestros hijos a hacerlo.


El otro día mientras veía mi Facebook una publicación en un grupo al que pertenezco llamó mi atención. En ella una mamá ponía lo siguiente: Alguien sabe de algún perrito para adoptar? Mi hijo esta muy triste. Entre a leer los comentarios y en uno de ellos me entere que el niño estaba triste porque su perrito había muerto.
Me quede pensando en el mensaje para el niño...no sientas tristeza porque tu perro murió, vamos a reemplazarlo para que no estés triste. Claro eso es lo que yo entendí, me puedo estar equivocando.
Quien quiere que su hijo sufra? Nadie! obviamente como padres no queremos ver a nuestros hijos tristes y vamos a tratar a toda costa de evitarles algún dolor, pero es lo correcto? es eso lo que realmente debemos hacer?

Yo pienso que no.

Vivimos en un mundo en el que sentir dolor no esta permitido, vivimos en un mundo en el que no hay que sentir tristeza, para que? Todo lo contrario, el mundo nos vende el placer, el sentirnos bien ya sea con nuestros propios recursos o con recursos externos.
Tengamos cuidado en lo que estamos, tal vez de manera inconsciente dando a entender a nuestros hijos. En que ellos pueden reemplazar lo perdido, ya sea con otra cosa, con otra persona, en que es muy fácil evitarte algún dolor ya sea físico o emocional, solo tienes que tomar una pastilla para que te deje de doler la cabeza o tomarte algo mas fuerte para no sentir esa angustia en el pecho y no les enseñamos a escuchar a su cuerpo, a dejar que su cuerpo les hable. Si te duele algo es por algo, tu cuerpo algo que quiere decir, préstale atención. Esa angustia que sientes te esta queriendo hablar también, hay que mirar para adentro, que nos quiere decir? que cambios debo realizar? donde se origina esta angustia?

No esta mal sentir tristeza, no esta mal estar tristes, no esta mal sentir dolor. 
Si el niño perdió a su perrito, tiene que llorarlo, tiene que estar triste, tiene que expresar lo que siente, tiene que vivir su duelo y nosotros como padres debemos acompañarlo en ese proceso y dejarlo expresarse y validar sus sentimientos. 

El dolor es un gran maestro, los tropiezos, dolores y tristezas de la vida nos enseñan, nos dan herramientas, nos  humaniza, nos hace crecer. Tenemos que darnos cuenta de la importancia de vivir sanamente nuestros duelos.

Una abuela que perdió a su nieta nos contaba en los grupos el otro día lo siguiente: "Mi hijo (padre de la niña que partió) siempre tuvo una vida fácil, todo se le dio de una manera en la cual no tuvo que esforzarse para lograr lo que quería, a lo largo de su vida no tuvo ningún dolor, ninguna tristeza, toda su vida fue una linea recta, no tuvo subidas ni bajadas y entonces su hija muere y el se vió por primera vez a sus 44 años frente a una situación  de un dolor extremo y sin herramientas para poder salir adelante. Sus recursos naturales habían estado dormidos, nunca los tuvo que poner en practica y cuanto le ha costado"

Por eso, abracemos nuestro dolor, abracemos nuestra tristeza, no tengamos miedo de sentirla. Enseñemos a nuestros niños a sentirla, a expresarla, validemos lo que sienten, démosles tiempo para que vivan sus propios duelos, démosles herramientas para que puedan afrontar situaciones dolorosas y difíciles. 

Con amor y agradecida,

Uchi