lunes, 2 de marzo de 2015

No son un elefante blanco


No convirtamos a nuestros hijos en el elefante blanco del que nadie habla.
Ese elefante blanco enorme que está en medio de la sala, que todos vemos, sentimos pero del que nadie habla.

Podemos pensar que nunca nos va a pasar...como no vamos a hablar de nuestro hijo/a? Pero nos pasa.

Y nos pasa cuando tenemos miedo de expresar lo que sentimos, nos pasa cuando no queremos rompernos en mil pedazos, nos pasa cuando por amor al otro, por no hacerlo sufrir o llorar nos guardamos eso que queremos compartir.

A mí me ha pasado...no una vez sino varias. 
He sentido la necesidad de hablar de Gabriel, de algo que recordé que el hizo o dijo, de cómo me siento con respecto a su partida a su ausencia presente, tal vez porque tuve un mal día, tal vez simplemente quería compartir algo de mi hijo y no lo hice...por qué?
Por pensar que tal vez nadie quiere escucharme, por pensar que nadie va a entenderme, por temor a si se lo decía a Juanjo lo iba a poner triste y no quería eso entonces me lo guardaba y no hablaba de mi hijo y por un tiempo lo convertí en un elefante blanco en medio de mi sala.

Pero un día dije basta! Ya no! Mi hijo es presente no pasado y si son presente tenemos que hablar de él, tenemos que hablar de lo que sentimos con respecto a su partida, lo que nos hace sentir, las emociones que genera, lo que se mueve dentro de nosotros. 

Hablemos de nuestros hijos siempre, no los convirtamos en pasado, no los convirtamos en ese elefante blanco por temor, por los demás, por no querer llorar.

Nuestros hijos son presente y siguen formando parte de nuestra vida y lo harán siempre, hablemos de ellos sin temor, sin dolor, sin pena. Hablemos de ellos con amor, con alegría, con esperanza…hablemos de ellos en presente!


lunes, 23 de febrero de 2015

Esta es mi vida...este es mi viaje


Se acerca el santo de Gabriel, cumple 9 años...estos días he estado pensando mucho en como estaría ahorita, como seria, de qué tamaño estaría, que cosas diría, como seria en el colegio, con sus amigos...y también he estado mirando a Leia que justo tiene 4 años y pensando y tratando de acordarme si Gabriel era como Leia a esa edad o mejor dicho si Leia es como era Gabriel a esa edad.

Pienso en mi chiquito y no puedo evitar sentirme melancólica, nostálgica, trato de huirle a la tristeza pero creo que no me está funcionando...siempre las fechas especiales nos ponen así. 

En estos días la ausencia física de Gabriel se ha hecho más presente (como si fuera posible no tenerla presente)...trato de caminar en puntillas para no despertar al llanto y hasta ahora lo voy logrando, no sé hasta cuando sea posible, mientras más se acerca la fecha, más ligero es el sueño de mis lágrimas y más pesados mis pasos.

También pensaba (sin poder evitar) en algunos momentos en porque se tuvo que ir Gabriel, si yo sé, entiendo, acepto, estoy en paz pero soy humana y algunas veces me cuestiono y siento rabia y pienso en que estaría mucho mejor con Gabriel acá pero luego respiro, me calmo y sé que eso nunca lo sabré y estoy en paz con eso también.

Esta es mi vida, este es mi viaje y no puedo desperdiciarla deseando algo más, algo diferente, al contrario la acepto y la abrazo como es, con sus alegrías, con sus penas, con sus sufrimientos, con sus dolores. 
Nunca llegará un momento en que mis deseos estén acordes con lo que es mi vida...siempre habrá algo que extrañe, algo que no tengo, algo que me falte, siempre extrañaré a Gabriel con todo mi corazón pero eso no me puede impedir amar mi vida tal cual es, amar a las personas que tengo en mi vida.

Estoy entendiendo y aceptando que por cada momento de dolor hay también un momento de alegría, por cada lagrima hay una sonrisa, por cada suspiro hay un abrazo...la vida es bella tal cual es.

Sí, estoy triste, quizá melancólica, quizá nostálgica...no tengo a Gabriel conmigo físicamente pero lo tengo más cerca que nunca...todo es perfecto!



miércoles, 18 de febrero de 2015

A tener paciencia...

Cuando un hijo muere no solo muere nuestro hijo muere también una parte de nuestra vida, de nuestra familia, de nosotros mismos.
Tenemos que decir adiós a nuestro hijo y también a esa vida que con el vivimos. 
Nada volverá a ser igual, todo cambió desde el momento en que ellos se fueron.
Y como humanos le tenemos miedo al cambio, pensamos que lo que se viene será terrible y si, en parte lo es porque tenemos que vivir el duelo por la partida de nuestro hijo pero si nos enfocamos en lo bueno, en el amor, en la luz podemos ver las cosas buenas de la vida aun, podemos abrirnos al amor y dejar que la magia de la ausencia de nuestros hijos hagan su trabajo. 

Pero si, todo cambia y lo que mas cambia somos nosotros mismos...cambia nuestra mirada al mundo, a la vida, a los demás...nos volvemos mas compasivos, más sensibles, mas espirituales.
Pero dentro de estos cambios hay cosas que nos suceden que no entendemos. Y a veces sentimos rabia, envidia, celos, cólera mucha cólera, sentimos que la vida ha sido injusta con nosotros...no nos sintamos mal por sentir eso.
Expresemos nuestros sentimientos, dejemos que salgan para que no nos lastimen por dentro.

Si bien vamos sanando poco a poco hay partes de nosotros que toman mas tiempo en cicatrizar...perder un hijo es un trauma (dentro de otras cosas)  y como trauma hay que trabajarlo y trabajar todo lo que ello implica.

Nadie nunca sabrá lo que cada uno de nosotros batalla en su interior, con qué demonios inconscientes nos enfrentamos, que heridas dejó la partida de nuestros hijos que muchas veces sin querer repercuten en los demás.

No somos los mismos y tenemos que aprender a conocernos nuevamente. Tenemos que sanar de una herida que ha matado una parte de nosotros mismos.
Y eso cuesta, cuesta muchísimo. 

No nos juzguen y tengan paciencia...

Uchi