lunes, 22 de agosto de 2016

La importancia del deporte (en el duelo)


Casi siempre he hecho deporte. Lo he hecho por temporadas algunas largas otras mas cortas.
Me considero una mujer activa y me gusta verme y sentirme bien.

Cuando Gabriel partió yo acababa de dar a luz a Leia, habían pasado 26 días. En ese momento no estaba haciendo deporte pero durante el embarazo de Leia hice algo de ejercicio. Me preparé para el parto con una doula y en algunas sesiones hacíamos algo de yoga y pilates.

Obviamente los primeros 3 meses no tenia nada de ganas ni ánimos de hacer deporte, aparte Leia nació por cesárea así que igual tenia que esperar un tiempo para poder empezar a hacer algo.

A los 4 meses de la muerte de Gabriel, nos mudamos al nuevo departamento que compramos (el nuestro lo vendimos al día siguiente de la muerte de Gabriel y nos mudamos a la casa de mis papas hasta que consiguiéramos uno nuevo) y este departamento esta a una cuadra del pentagonito.

Hubieron muchas mañanas en que pasaba con mi auto por el pentagonito y veía a las personas correr y junto con eso sentía unas ganas de salir corriendo, pero salir corriendo como si quisiera escapar de lo que sentía, de lo que vivía, escapar de mi vida. 
Como en la vida no existen las coincidencias, una de mis vecinas corría y un día me preguntó si no quería empezar a correr con ella. Le dije que si, fui corriendo a comprarme un buen par de zapatillas y así empezó mi pasión por este deporte. Al principio corría con ella pero un día me dijo que no podía salir así que me anime a salir sola y desde esa fecha no he parado de correr. 
Corro porque correr me centra, me hace estar en el momento presente, me enfoca, me ayuda a encontrar respuestas y porque siento que es un momento en que estoy solo yo conmigo misma. A veces corro porque quiero escapar de algo, de algo que pienso, de algo que siento o de algo que tengo temor a sentir, pero al correr en vez de escapar me conecto con eso que no quiero, siento mas y pienso menos. No corro y nunca he corrido en ninguna carrera, en ninguna maratón porque no soporto la multitud, me gusta correr sola, yo, la pista y el viento, corro para mi, no corro para demostrar nada a nadie ni para demostrarme nada a mi misma, corro porque el correr acalla mi mente y solo por eso amo este deporte. 

Si quieres empezar a correr lo primero que te aconsejo es, invertir en un buen par de zapatillas. Las zapatillas son básicas para correr. Tienes que encontrar las que se acomoden a tu pisada y cambiarlas cada 6 meses. Corre a tu tiempo, corre para ti, que no preocupe nada solo enfócate en el presente y déjate llevar.

Algunos beneficios de correr son:

  1. Mejora la actividad cerebral.
  2. Evita la depresión.
  3. Evita enfermedades cardiovasculares.
  4. Proporciona buenas sensaciones.
  5. Mejora el bienestar psíquico.
  6.  Limpia las arterias y los pulmones.
  7. Tonifica los músculos, fortalece los huesos y refuerza los cartílagos.
  8. Despeja la mente y aclara las ideas.
  9. Aumenta la capacidad respiratoria.
  10. Te hace sentir mas optimista, entre otras.
Mi amor por el yoga empezó unos meses después. Un día conversando con mi mamá decidimos ir a una clase de prueba. Fui, hice la clase y nunca más dejé de ir.
Soy una persona que piensa mucho, mi mente va a mil por hora todo el tiempo. Muchas veces estoy agotada pero no físicamente sino mentalmente. Mi mente va mas rápido que mi cuerpo y eso me puede jugar muy malas pasadas.
El yoga me ayuda a callar mi mente también, me ayuda a relajarme, a vivir el hoy, a respirar bien, a estar agradecida todo el tiempo.

Algunos beneficios del yoga son:

  1. Alivio de tensiones.
  2. Paz interior.
  3. Mejora la inmunidad.
  4. Te ayuda a vivir con más conciencia.
  5. Mejora tus relaciones.
  6. Te ayuda a dormir mejor.
  7. Mejora nuestra capacidad pulmonar.
  8. Combate el estrés.
  9. Te hace más feliz.
  10. Aumenta la energía y la vitalidad, entre otras.

Te recomiendo hacer algún deporte. Te va a ayudar a calmar tu mente y tu corazón, te va a ayudar a despejar tu mente de pensamiento indeseados, te va a ayudar a respirar mejor, a estar mas consciente, a vivir el día a día, a dormir mejor, a estar mejor no solo fisicamente sino también mentalmente.

Con amor,

Uchi






sábado, 23 de julio de 2016

Tu duelo es tuyo, no dejes que te lo quiten


Casi nunca escucho radio, pero un día de la semana pasada por esas casualidades de la vida, encendí mi auto y estaba en una radio my conocida. Llegue a escuchar el final de una entrevista y escuché que el entrevistador le pedía al psicólogo que había estado entrevistando que les de un consejo a las personas que estaban atravesando un duelo. Lo que este señor contestó me dejó con la boca abierta, él dijo lo siguiente: Bueno lo que les podría decir es que si después de 3 meses siguen llorando y siguen con una pena muy grande lo mejor es que busquen ayuda profesional y medicación. QUE??? no podía creer lo que acababa de escuchar de un supuestamente profesional de la salud. Lo primero que pensé fue: se nota que él no ha perdido un hijo y después pensé, este señor no ha vivido un duelo nunca.
Me dio mucha pena por las personas que estaban escuchando ese programa, definitivamente muchas de ellas en duelo muy reciente por la pérdida de un ser querido y sientiéndose muy tristes y al escuchar lo que este señor decía con la supuesta autoridad que tiene, han debido sentir que estaban por un mal camino y que necesitaban urgente ir a buscar ayuda profesional y medicarse. Que daño tan grande puede haber hecho este "psicologo".

El duelo es la respuesta emocional que vamos a tener ante cualquier pérdida. Nuestro cuerpo, nuestra naturaleza es tan sabia que vamos a entrar en este proceso para poder lidiar, avanzar, aceptar, interiorizar la pérdida que hemos tenido.
El duelo tiene algunas características:
  • Es inevitable, lo vamos a vivir si o si. Podemos aplazarlo? si podemos. Pero en algún momento de nuestra vida va a regresar y va a ser peor. Lo mejor es vivirlo en su momento.
  • No tiene tiempo. Es lo que he aprendido en estos 4 años acompañando a familias en su proceso de duelo. Nos puede durar 3 meses, 8 meses, 5 meses, un año, dos años, toda la vida. Va a depender de lo que nosotros hagamos para salir adelante, de las herramientas que tengamos, de los recursos que dispongamos. El tiempo no sana, somos nosotros quienes nos sanamos a través del tiempo.
  • No es lineal. El duelo es como una montaña rusa. Una montaña rusa de emociones. Muchas veces estamos arriba y otras veces abajo. Al principio las caídas son bien pronunciadas y seguidas y conforme vamos trabajando nuestro duelo éstas son cada vez menos pronunciadas y menos frecuentes.
  • Conlleva sufrimiento. Sí, vamos a sufrir, nos va a doler, vamos a llorar, vamos a sentir rabia, envidia, odio, culpa, ira, una pena muy profunda. Vamos a sentir todo en carne viva, y es normal y esta bien sentirlo porque estamos sanando y para poder sanar nos tiene que doler. Como dijo Alejandro Jodorowsky https://es.wikipedia.org/wiki/Alejandro_Jodorowsky cuando murió su hijo: Va a doler, y va a doler muchísimo pero así es la única forma en que va a sanar.
(Hace un tiempo escribí un post acerca de duelo en donde Jorge Bucay, en su libro "El Camino de las Lágrimas" hace una analogía maravillosa de la herida física con el duelo, acá les dejo el link por si quieren leerlo http://meganeelcielo.blogspot.pe/2015/05/las-etapas-del-duelo-segun-jorge-bucay.html)

Esas características para mi son las mas significativas.
Así que vivamos nuestro duelo, no dejemos que nadie nos diga que ya es momento de dejar de llorar, que nadie nos diga que ya es momento de retomar nuestra vida, que ya es momento de ir a bailar, que ya es momento de escuchar música, que ya es momento de retomar la intimidad con nuestra pareja, que ya es momento de dejar de ir al cementerio tan seguido, que ya es momento de regalar sus cosas, que ya es momento de transformar su cuarto, que ya es momento de salir con los amigos, que ya es momento de dejar de hablar de ellos, que ya es momento de dejar de tener la mirada perdida, que ya es momento de dejar de escribir en facebook cosas de nuestros hijos, que ya es momento de dejar de escribirles a ellos (como si ellos lo fueran a leer), que ya es momento de dejar de ir a ese grupo de ayuda mutua, que ya es momento de salir de viaje, que ya es momento de tener la mirada triste, que ya es momento de dejar de celebrarle el cumpleaños, que ya es momento...

Vivamos nuestro duelo en nuestro tiempo, en nuestra forma, con nuestros recursos, pero si sentimos que necesitamos ayuda ya sea de un médico, de un grupo, de algún amigo, entonces busquemos esa ayuda, no nos aislemos.
Nosotros mejor que nadie sabemos que es lo mejor para nosotros, así que miremos dentro de nosotros y busquemos en nuestro interior las respuestas, ahí están todas, aprendamos a escucharnos, a escuchar nuestro cuerpo, a escuchar nuestra alma.

Y para las personas que están acompañándonos en este camino, por favor déjennos vivir nuestro duelo, déjennos llorar, déjennos encerrarnos en el baño...no nos vamos a hacer daño. Dennos nuestro espacio y nuestro tiempo para vivir nuestro duelo, para poder retomar las riendas de nuestra vida, para poder adaptarnos a esta nueva vida sin este ser tan querido.

Con amor,

Uchi




domingo, 3 de julio de 2016

Esos primeros días


Estos semanas por diferentes motivos me han hecho recordar aquellos primeros días de la partida de Gabriel.

Esos dias en los cuales no vives sino solo sobrevives. Esos días en los cuales no te sientes cómoda ni en tu propia piel, yo sentía que mi piel me ahogaba, me sentía encerrada en mi propio cuerpo. Esos días en los cuales no eres parte del mundo, tu cuerpo está presente pero tu alma y tu mente no, ellas están donde tu hijo está.
Recuerdo que habían días en los cuales no recordaba lo que había hecho, era como si no los hubiese vivido y claro era porque mi mente, mi corazón y mi alma se iban a encontrarse con Gabriel en este universo paralelo en donde él está vivo.
Levantarme por la mañana me costaba pero lo hacia, respirar me dolía pero lo hacia, comer me hacia sentir culpable pero lo hacia...lo único que en esos primeros días me aliviaba y era como un refugio para mi, era bañarme...sentía que en la soledad del baño podía ser yo, que no tenia que fingir que todo estaba bien, que yo estaba bien y no me estaba desmoronando. En la intimidad del baño podía dejar que salgan mis lagrimas, mi llanto, mi tristeza infinita y le decía al agua que se las lleve, que me limpie por fuera y por dentro, le pedía que se lleve mi dolor, que se lleve mi pena, que se lleve mis lagrimas y veía como el agua se iba cargada con mis penas y cuando terminaba de bañarme me sentía en paz, ligera, tranquila...
Otra cosa que me ayudaba en esos primeros días era manejar. Agarraba mi carro y manejaba por todo Lima, no iba a ningún lugar en especial, solo manejaba. En esa soledad del auto, con música a todo volumen lloraba, gritaba, respiraba y me sentía mejor. Aunque recuerdo un día que me perdí, si me perdí en mi propia ciudad. Regresaba del sur y termine por huachipa...claro me sumergía tanto en los recuerdos de mi hijo que me desconectaba de la realidad.
"Disfrutaba" mucho de mi soledad, de la tranquilidad de estar solo conmigo misma, sentía que en esa soledad podía conectarme más con mi hijo, dejaba atrás el bullicio del día a día, las responsabilidades, lo que se supone debía hacer y me sumergida en esta soledad acompañada, en esta soledad que se llenaba con la presencia de mi hijo, en esta soledad que la sentía como sublime porque me hacia sentir mas cerca a mi hijo.

En esos primeros días caminaba a oscuras guiada solo por mi dolor pero confiada en que estaba por el buen camino....si, desde el día que Gabriel partió empecé a confiar a confiar más que nunca. Confiaba en mí, confiaba en mi propia naturaleza, en mis propios recursos, confiaba en que tenía que seguir caminando, confiaba en mi camino, confiaba en que la vida podía volver a ser hermosa. Tenía que confiar! No podía no hacerlo. Sentía que me tenía que aferrar a algo que me ayude. Y me aferré a la confianza en mi proceso, a la confianza en la perfección del universo pero también me aferré al amor de mi hijo, a ese amor que nunca muere, a ese amor que va más allá de la muerte y que yo lo podía sentir tan vivo, lo sentía con cada célula de mi cuerpo. 

Los primeros días fueron los más difíciles de mi vida, el seguir viviendo me costaba la vida, el seguir respirando me causaba daño, el abrir los ojos me cegaba...pero desde el primer día que mi hijo partió tenía algunas cosas claras gracias a que más que fuerza yo le pedía a mi hijo claridad, claridad para entender lo que había pasado, claridad para poder entender sus mensajes, claridad para poder seguir caminando.
Desde el día que el partió yo sabía que me iba a doler el alma como nunca antes me había dolido nada, sabía que mi corazón se iba a tener que partir en mil pedazos lo sabia y lo acepté desde el primer día. No acepté ningún tipo de medicación porque no quería aplazar el dolor, quería sentirlo ya! Quería que me destroce ya! Porque sabía que así iba a ser la única forma en que iba a poder sanar, en que iba a poder ser reparada tanto mi alma como mi corazón. 
Sabía también que el camino que me esperaba no iba a ser fácil, sabía que iba a ser un camino largo, oscuro y doloroso pero sabía también que había una luz al final camino, podía verla, era una gotita de esperanza entonces supe que tenía que empezar a caminar para poder llegar a esa luz.
Sabía que había algo más allá, sabía desde el momento en que Gabriel partió que había algo mucho más grande que su muerte, sabía que había un para que, sabía que mi hijo no se había ido en vano, había algo más!

Descubrí en esos primeros días que la muerte no existe, que la muerte es solo un cambio de estado, lo supe porque quería creerlo y porque sentía a mi hijo de una forma tan viva que no había forma de creer lo contrario.

Si bien esos primeros dias, meses fueron como una pesadilla hecha realidad siempre tuve mi Fe que me sostuvo, mi familia que abrazó mi alma, mis amigas que abrazaron mi vida, mis hijos que fueron mi medicina y mi bálsamo para mi corazón hecho pedazos, mi esposo que fue mi sostén, mi admiración, mi fortaleza, tuve también mis ganas de seguir viviendo, mis ganas de no quedarme en el sufrimiento, mis ganas de aprender y encontrarle un sentido a todo lo que estaba pasando y por supuesto tuve y tengo a Gabriel, mi faro en la tormenta, mi luz en la oscuridad, mi hijo que me sostuvo y me sostiene de la mano y se que lo hará siempre.

Con amor,

Uchi