martes, 29 de noviembre de 2016

Yo decido y elijo


El otro día estaba conversando con una persona la cual me dijo: Te veo muy bien se nota que ya superaste la muerte de tu hijo, bueno han pasado ya 5 años no? Van a ser 6 en diciembre, le contesté.

Comentarios como estos no recibo muchos pero cuando los recibo, los dejo pasar. 
Se que vienen de personas que no saben lo que he vivido, lo que vivo, de personas que tal vez no han perdido a la mitad de su vida entonces no saben y es por esa ignorancia que decido no contestar y dejar ir.

Que me veo muy bien? Si gracias, si siento que me veo bien y que me siento bien. Si, porque es una decisión que tomo todos los días. 
Decido alimentarme bien, decido vestirme bien, decido hacer deporte para sentirme bien, decido rodearme de personas que aporten a mi vida, decido elegir cosas que me hagan sentir bien. Pero se trata de eso, de elegir, de saber que es lo que quieres para ti. Es fácil? No, no lo es. A veces no me provoca comer sano, a veces me da flojera madrugar para salir a correr, a veces me provoca salir en piyama a la calle, si claro pero repito son decisiones que nosotros mismos tomamos. Yo decido y trato de elegir lo mejor para mi y así sentirme bien.

Si ya superé la muerte de mi hijo? Para empezar la muerte de un hijo no es algo para ser superado. 
La muerte de un hijo se debe vivir, se debe sentir, se debe llorar, se debe dejar que destroce tu alma, se debe aceptar, se debe interiorizar....superar? NO! 
Mi hijo no es un problema para ser superado y menos su muerte. No es algo que una vez que lo superaste ya fue, se pasa la pagina y se sigue viviendo como si nada hubiese pasado. No, no es así.
La muerte de un hijo la vamos a llevar toda la vida pero eso si acá uno elige como llevarla.
Yo elijo llevarla como parte de mi, parte de mi vida, de mi historia. Elijo llevarla como un aprendizaje y un maestro a tiempo completo. Elijo llevarla cargada de amor, de bendición, de luz. Elijo llevarla muy dentro mio. Elijo llevarla no como una carga sino como un sostén, un soporte, una fortaleza. Elijo llevarla como la experiencia mas dura de mi vida pero que saco lo mejor de mi, me hizo una mejor persona, un mejor ser humano.
No, la muerte de un hijo no es una pagina para ser pasada y seguir viviendo como si nada, la muerte de un hijo es para ser vivida, aceptada, interiorizada, perdonada porque es algo con lo que vamos a vivir toda la vida, por eso...como eliges llevarla tu?

Este diciembre van a ser 6 años que Gabriel ya no esta físicamente con nosotros. Si, 6 años y saben que? Muchos días se sienten como si hubiese ayer y otros como si hubiesen pasado 100 años. 
El tiempo es relativo y no existe cuando lo que ha muerto es algo tan preciado como un hijo. Pero lo que si se es que así pasen 20 años yo seguiré recordando todos los días a mi pequeño, seguiré amándolo con la misma intensidad que cuando estaba acá conmigo, seguiré mencionando su nombre en cada amanecer y en cada anochecer, seguirá siendo mi hijo por toda la eternidad y jamás, jamás voltearé la pagina como si nada hubiese pasado.


Con amor,

Uchi


jueves, 3 de noviembre de 2016

Honrando mis 39

La semana pasada cumplí 39 años.

Meses antes pensaba en si estaba en mi vida en donde yo pensé que estaría al cumplir 39.
Probablemente si en ese momento me sinceraba conmigo misma la respuesta hubiese sido no. Pero en ese momento no quería pensar en que pronto cumpliría 40  y no quería pensar tampoco en todas las cosas que me hubiese gustado hacer y no hice.

Pero hoy, ya con 39 años no puedo sino agradecer a la vida por donde estoy, con quien estoy y como estoy.

Pienso en todo lo que he vivido, en mis momentos felices, en los momentos no tan felices, en los momentos tristes, en los momentos terribles, en los momentos disfrutados y tambien en los no disfrutados. Pienso en los errores cometidos, en las metidas de pata, en las personas a las que sin querer hice daño y en las personas que me hicieron daño a mi. Pienso en las desiciones que tomé sin saber que llevarían poco a poco a donde ahora estoy, pienso en todo lo que he vivido y en como se ha ido abriendo paso mi vida para llegar a donde estoy.

Agradezco todo lo vivido, lo bueno y lo malo, lo maravilloso y lo terrible, agradezco el amor, la luz, la alegría, el dolor, las lagrimas...TODO, porque todo lo vivido han hecho de mi la persona que hoy soy. 

ESTOY EN PAZ!

Uchi


miércoles, 19 de octubre de 2016

La furia y la tristeza



Ayer en la reunión de Thaniyay estuvimos hablando acerca de la furia, de la ira, de este sentimiento que nos invade sobretodo los primeros meses de la partida de nuestros hijos.
Recuerdo las primeras semanas después de la muerte de Gabriel. Estaba muy molesta, molesta con la vida, con Dios, con el orden del universo, conmigo misma, con las personas que no habían perdido un hijo...estaba furiosa! Pero no es simplemente un pequeño enfado, en como si fuera un volcán que esta en erupción y que no hace falta nada extraordinario para que el volcán explote.
Ésta ira con la muerte, por verla injusta, mala, ésta ira con uno mismo por no haber podido evitar la muerte de nuestros hijos, ésta ira con Dios por creerlo culpable de habérselo llevado. Si! sentimos mucha ira porque al principio no entendemos muchas cosas, tenemos muchas preguntas que no tienen respuesta. Nos cuesta aceptar la partida, nos cuesta reconciliarnos con la vida, nos cuesta perdonarnos a nosotros mismos.

Pero pasa el tiempo y con el pasa la rabia, poco a poco se va desvaneciendo y finalmente nos damos cuenta que ya no sentimos rabia sino tristeza. Finalmente vamos entendiendo algunas cosas y miramos dentro de nosotros y tomamos conciencia de lo sucedido y de lo definitivo de la muerte. La rabia ya no nos sirve, ya no tenemos lugar para ella dentro de nosotros.

Hay que abrazar nuestros sentimientos, hay que abrazar nuestra tristeza, hay que abrazar nuestra rabia para volver a tener calma.

Comparto un cuento de Jorge Bucay acerca de la furia y la tristeza...a leer con atención y a darnos cuenta que encierra en realidad la furia:

"En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizá donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta… donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas… había una vez una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores y donde miles de verdes se reflejaban permanentemente . . . . . . . .

Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse, haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.

Las dos se quitaron sus vestimentas y, desnudas, entraron al agua.

La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se bañó rápidamente y más rápidamente aún, salió del estanque . . . . . . . .
Pero la furia es ciega, o por lo menos, nos distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró, que resultó no ser la suya, sino la de la tristeza…

Así vestida de tristeza, la furia desapareció en el bosque.

Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y, sin apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del agua. Ya en la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.

Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad… está escondida la tristeza"

Con amor,

Uchi