miércoles, 26 de julio de 2017

Cómo es al principio?


Me escriben muchas mamás y también papás con muchas interrogantes, con muchas preguntas, muy ansiosos de obtener respuestas, respuestas que les llenen al alma.
Lamentablemente yo no tengo la verdad absoluta de las cosas pues porque simplemente la verdad absoluta no existe. 
Creo que cada uno de nosotros tiene su propia verdad y hay que buscarla pero no fuera, sino dentro de nosotros mismos.
Me escriben también muchos papás con pérdidas recientes. Los leo, los escucho, les respondo tratando de con mis palabras poder darles un poquito de tranquilidad, un poquito de paz, un poquito de esperanza.

Este post se los dedico a esos papás con pérdidas recientes y también, por qué no a todos.

Los primeros días, los primeros meses son los más duros, uno piensa que ese dolor que te come por dentro nunca se irá, llegas a pensar que no vas a sobrevivir, que no vas a volver a comer nunca más, que no vas a volver a dormir nunca más, piensas que a partir de ese día solo vas a sobrevivir que ya no serás capaz de volver a vivir y ni hablar pensar en que la alegría vuelva a ser parte de tu vida, la alegría la ves tan lejana como las ganas de volver a bailar.

Escuchas lo que los demás te dicen con si hablaran en otro idioma, como si estuvieras debajo del agua, sientes tus oídos como tapados, miras a la persona que te esta hablando y efectivamente ves que sus labios se mueven pero no logras escuchar nada...no entiendes nada de lo que la persona esta diciendo.

Te olvidas de todo, te olvidas de lo que tienes que hacer, ya no puedes recordar tu numero de celular y ni que decir del de los demás. Te olvidas de comer y muchas veces de respirar. Me pasaba que a veces me quedaba tan absorta en mis pensamientos que de repente tenia que inhalar una gran cantidad de aire porque literalmente no había respirado, era como cuando te zambulles en la piscina mucho rato y luego sales y tomas una bocanada de aire enorme...eso me pasaba muy seguido.

Te pasa también que dejas la cocina prendida, las luces prendidas, la llave del agua abierta...la puerta de tu casa abierta.

Te pierdes en tu propia ciudad. Sientes a tu ciudad como una desconocida, los caminos que antes los podías hacer con los ojos cerrados se convierten en extraños, las calles las ves como raras.
El mundo se ha vuelto amenazante, ya no confías en el. Te da miedo salir a la calle, prefieres la seguridad de tu casa, de tu cuarto.

No sabes en que día vives, ni en que mes. No sabes si es lunes o miércoles o jueves pero lo que si no te olvidas todos los meses es la fecha en qué tu hijo partió. Vives en las nubes pero llega ese día y tu cerebro reacciona y tu cuerpo también, es como si esa fecha se hubiera quedado tatuada en lo más profundo de tu alma.

Te preguntas todos los días si te estas volviendo loca/o (y si, en alguna forma lo estamos). 
Te preguntas si es normal todo lo que sientes, todo lo que piensas, si es normal no comer, no dormir, no respirar.

Nos sentimos solos, podemos estar rodeados de muchas personas pero nos sentimos total y absolutamente solos. Sentimos que nadie nos entiende y si, en alguna forma así es. Nos desvinculamos del mundo, de los demás, no sentimos unos extraterrestres en nuestro propio planeta.

Tenemos miedo, miedo de salir, de volver a reír, miedo de vivir, miedo que nos vuelva a pasar. Respiramos miedo. Pero no podemos huir de el, lo sé porque he intentado huir de el de mil maneras y formas y nunca he podido pero lo que si he podido es afrontarlo, es no dejar que me domine, no dejar que me paralice.

Es un desafío todo lo que tenemos que vivir, tan solo levantarnos de la cama es ya una gran hazaña la cual yo recuerdo que celebraba. Nada hasta el día en que Gabriel partió me había herido tan profundo, tan profundo hasta dejarme de rodillas y quedarme así por un tiempo, desfallecida, abatida, absolutamente perdida. 

Lo bueno? Que nada dura para siempre, que llega un momento en que sientes a la vida tocándote suavemente el hombro y susurrándote con dulzura: estás viva! 
Y te levantas y dejas que la vida te llene nuevamente de aire y le pides a una fuerza más grande que todo que te sostenga mientras te levantas y que no te deje caer.

Tardé un poco de tiempo en aceptar que la vida es como es, que las cosas son como son, que la vida duele y que el dolor que por un tiempo nos parece insoportable y sin sentido es muchas veces (si nosotros lo dejamos) un gran maestro, una bendición enorme y se convierte en el vestíbulo de una nueva vida, de un nuevo amanecer, de un maravilloso renacer.

Nos sanamos con amor, con esperanza, con fe, con ganas de seguir viviendo sabiendo que cuando nos toque partir nos encontraremos nuevamente con nuestros hijos y será el mejor reencuentro y ahí si estaremos juntos para siempre y por siempre!

Con amor y llena de esperanza,

Uchi



miércoles, 5 de julio de 2017

Los retos del duelo


Muere alguien a quien amamos profundamente y nos enfrentamos a esta realidad desconocida, a este mundo por el momento vacío y oscuro.
Nos enfrentamos a responderle a la vida, nos enfrentamos a decidir que vamos a elegir, nos enfrentamos a decidir si vamos o no a vivir el duelo.
Vivir el duelo ya es en si un reto, un gran reto que vamos a tener que "superar", caminar, aceptar...

Acá les comparto algunos retos que yo misma viví y que poco a poco aprendí a saber llevarlos, interiorizarlos, aceptarlos:
  • Uno de los mayores retos del duelo fue aprender a amar sin condiciones, amar sin pedir nada a cambio. Amar sin tener a la persona presente, amar sin poder demostrárselo físicamente, sin poder ver ni sentir en sus ojos la alegría de saberse amado incondicionalmente. Aprender a sentir el amor en el estado más puro, mas sublime, ese amor que va allá que la muerte.
  • Otro de los retos fue tener aceptar la realidad de lo que estaba viviendo. Por mas que quería negarlo, por mas que quería no verlo, la realidad de la ausencia física de mi hijo me acechaba hasta en mis sueños. Todos los días apenas me levantaba era una lucha constante entre el aceptar y el negar. Vivía peleada con mi realidad, molesta, muy molesta. Hasta que entendí que mientras mas me peleaba peor era, mientras mas me peleaba, la realidad me golpeaba más fuerte...así que poco a poco tuve que empezar a dejar que la paz entre en mi vida, que la calma inunde mis pensamientos, que el amor sea más grande que mi dolor...que mi realidad se convierta en mi amiga.
  • Otro reto fue permitirme liberar mis emociones así éstas no sean buenas. Dejarlas salir, darme permiso a expresarlas, darme permiso a nombrarlas, darme permiso a sentirlas en su máxima expresión. Liberar mis emociones me daba calma, me quitaba un peso de encima, me hacia mas liviana.
  • Otro reto fue aceptarme como una nueva persona (aun sigo). Aceptar que yo iba a cambiar. Aceptar que mis prioridades iban a cambiar, que mis amistades iban a cambiar, que mi entorno iba a cambiar. La vida es un constante cambio y más aun cuando muere un hijo...todo cambia. Decidí no pelearme con los cambios sino aceptarlos con el corazón lleno de gratitud y confiar que todo ese movimiento en mi vida iba a ser para algo bueno...y si que lo fue.
  • Otro reto fue el aprender a confiar en el mundo nuevamente. El mundo se había convertido en un lugar amenazador y nada amigable. No me sentía a salvo en el, pero vivía en el, era parte de el y el era parte de mi. Tuve que aprender a vincularme con el nuevamente, tuve que volver a confiar.
  • Otro reto fue aprender a vincularme con los demás nuevamente. La muerte de un hijo te desvincula, te aparta del resto, te hace entrar en un capullo de soledad. La soledad se vuelve tu mejor amiga pero a la vez tu peor enemiga. Cuesta salir y cuesta vincularte nuevamente con las personas, tu no eres la misma que eras antes, tus prioridades han cambiado, tu mirada hacia lo que te rodea ha cambiado pero los demás no, los demás siguen siendo los mismos, entonces nos toca adaptarnos nuevamente a lo mismo siendo nosotros distintos, vincularnos nuevamente con las personas conocidas siendo nosotros unos desconocidos, que difícil y que gran reto!
  • Otro reto fue y sigue siendo el miedo. Como vivir sin miedo después de haber perdido un hijo? Como no tener miedo, terror, pánico de que te vuelva a pasar? De que otro hijo tuyo muera? Como vives con ese miedo? Pues viviendo, viviendo y aceptando que muchas veces ese miedo será parte de tu vida, que ese miedo te acompañará muchos días y muchas noches pero lo que no podemos permitir es que ese miedo nos paralice y no nos deje vivir.
  • Otro reto fue aceptar la muerte de mi hijo no con resignación sino con gratitud, con amor, con paz, con la cabeza en alto y la mirada fija en hacer de la vida de mi hijo un homenaje.
  • Otro reto fue y es seguir viviendo con alegría y con sentido a pesar de la ausencia física de mi hijo. Recolocar a mi hijo en un lugar donde me permita seguir disfrutando de la vida sin tener al dolor matándome por dentro ni a la culpa haciendo su nido en mi corazón.
Son muchos los retos que se nos presentan cuando un hijo muere, cada persona tendrá sus propios retos y cada persona decidirá que hacer con ellos.

Mi sugerencia? Aceptarlos con amor y gratitud ya que cada uno de ellos encierra una enseñanza maravillosa que está en nosotros descubrirla.

Con amor y gratitud,

Uchi

domingo, 18 de junio de 2017

Siempre seré tu papá


Los años van y vienen y creo que nunca me acostumbraré a tu ausencia y siempre me preguntaré Por qué? Por qué tuviste que partir? Tantas preguntas que se quedarán sin respuesta, tantos vacíos con los que tendré que aprender a vivir. Pero de algo si tengo la certeza y es que SIEMPRE SERÉ TU PAPA!

No hay un día que no te recuerde, no hay un día que no te lleve en mi corazón. El amor, mi pequeño no muere con la muerte y yo te amaré hasta la eternidad y SIEMPRE SERÉ TU PAPA!

Tengo mis brazos vacíos pero los lleno de los recuerdos que tengo de ti, de todo lo que compartimos juntos, de todos los abrazos que te di. No te tengo en mis brazos físicamente pero SIEMPRE SERÉ TU PAPA!

No hay día que no te recuerde, no hay día que no quiera retroceder el tiempo y volver a abrazarte, no hay día en que no diga tu nombre, no hay día en que no te sienta conmigo y SIEMPRE SERÉ TU PAPA!

Así pasen muchos años nunca nunca te olvidaré, siempre estarás en mi vida y en mi corazón, siempre seras mi hijo/a y SIEMPRE SERÉ TU PAPA!